Gisela Ederle
Licenciada en comunicación UNGS, copywriter y asesora en RRSS freelance.

Cintia Ojeda
Licenciada en Comunicación y especialista en Gestión Cultural.

La comunicación en general, pero la comunicación de la ciencia en particular, es un desafío para muchos docentes e investigadores. Y dejar atrás el lenguaje académico o el estilo del “paper” no es tarea fácil.

Sin embargo, la pandemia aceleró y forzó la adaptación a nuevas formas de comunicar. En este contexto afloró la creatividad y la posibilidad de dar a conocer muchas de las investigaciones en forma de contenido para las redes sociales, obligando a desacartonar los estilos y adecuarse a herramientas digitales interactivas.

Muchos docentes, obligados a virtualizar sus asignaturas, tuvieron que encontrar los mejores modos de llegar a sus estudiantes para comunicar los contenidos de sus materias y encontraron en las redes sociales el camino y la luz al final del túnel.



Es en este mar de estímulos, redes sociales, apps e influencers que nos preguntamos ¿Por qué y para qué comunicar en redes sociales?

Primero para intentar un modo más creativo de contar lo que sabemos, estudiamos, investigamos y/o escribimos. Segundo, para llegar a un público más amplio al que acostumbramos en la academia.

Tercero, ¿Por qué no? Comunicar de esta forma también es una manera de democratizar el conocimiento.

Comunicación, redes sociales y pandemia

Ser comunicador/a hoy se convierte en un enorme desafío, todo lo aprendido se encuentra en permanente tensión con el ascenso exponencial de las nuevas tecnologías, con el entorno de redes sociales que amplifica nuestro ser privado y lo hace público. Los cambios suceden a tal velocidad que a veces no llegamos a analizar en profundidad desde nuestra disciplina qué es lo pasa. Y en seguida tendemos a adaptarnos y a aprender a hacer “en la marcha”.

Ahora bien, algo que ha demostrado esta situación de encierro obligatorio, es que las nuevas tecnologías llegaron para quedarse y las redes sociales también.

En este marco de explosión de nuevos usuarios, celulares y computadoras, el contexto de pandemia potenció de manera increíble el uso que le damos a las redes y la cantidad de usuarios también se multiplica, cada uno con sus intereses particulares y formas de comunicar.

Y es ahí donde la creatividad tiene que hacer su aparición para ayudarnos a generar contenido de calidad que pueda atraer la atención de otros. Pero... ¿Cómo lo hacemos?

Contenido de valor: Qué compartir y por qué

La clave de la comunicación en redes sociales es definir un público a quien dirigirse y crear una identidad a la hora de comunicar. Esto se logra a través de un diagnóstico y una estrategia de comunicación que delimite objetivos y criterios. En términos simples, siempre partimos de la idea fundante de la comunicación: emisor, canal, receptor; ¿Quién dice qué? ¿A quién? ¿Por qué canales?

Llamamos contenido de valor a aquel contenido que es valorado dado que aporta algún beneficio a tu público objetivo. En redes sociales ese contenido se divide en tipos, pudiendo ser del tipo: educativo, informativo o de ayuda, de entretenimiento o de inspiración.

Un ejemplo práctico

La Universidad Nacional de San Martín supo realizar una comunicación efectiva gracias a una estrategia clara y entendiendo muy bien el lenguaje y el juego de las redes sociales.

Utiliza todas las herramientas que las propias redes sociales nos proponen, combina las nuevas formas de comunicar (memes, videos de tik tok, virales, etc) sin dejar de ser una organización educativa de la más alta calidad.

En su cuenta de instagramcomparte desde invitaciones a seminarios hasta logros de su comunidad de una manera actual.

Esta propuesta comunicativa le permite crear una comunidad virtual propia, más allá de la comunidad educativa que la universidad tiene como tal.

Ejemplo de contenido que inspira.

Construir comunidad para comunicar

Las redes sociales nos dan la oportunidad de amplificar nuestra comunicación y abrirnos a grandes comunidades (virtuales). Pero nada de esto es posible si no existe una estrategia clara que pueda sostener objetivos y criterios en el tiempo y que también sea lo suficientemente flexible para adaptarse a los cambios permanentes de los famosos algoritmos.

Comunicar la ciencia a través de las redes ya no es solo una posibilidad sino un destino. Y lo que queda es adaptarse y animarse a encontrar formas creativas para sacar de las investigaciones de la academia y hacerlas llegar a estos nuevos públicos que surgen en las redes sociales.