ROXANA CABELLO

Doctora en Ciencias de la Comunicación
Directora de Technos Magazine Digital

En este número, con el que celebramos diez ediciones de TECHNOS Magazine Digital, elijo conversar con el escritor y crítico literario Juan José Mendoza.

En Technos 3 iniciamos un espacio dedicado a la literatura publicando “Proyecto Lit e-maps. Mapeos electrónicos de la literatura” , escrito por Gabriela Sued y Juan José Mendoza. Después le propusimos a Juan que editara una nueva sección, a la que llamamos E-lit (un poco inspirados por ese primer artículo) y desde entonces, generosamente convoca a diferentes autores y autoras que nos mantienen en conexión con la literatura digital. Claro que ese no es el principal antecedente del entrevistado. Se formó en Literatura y Filología en el país y en el exterior y dictó clases en la Universidad de Nueva York y el Instituto Tecnológico de Monterrey, entre otras universidades. Actualmente es investigador del CONICET y profesor universitario de grado y de doctorado y, conjuntamente con Marcela Sinclair, dirigió el ciclo Paraísos Artificiales. Antología de poesía en la web (2021) .

Juan José Mendoza tiene una vasta producción literaria. Entre sus libros se encuentran Los Archivos. Papeles para la nación (2019); Internet_ El último continente. Mapas, e-Topías, cuerpos (2017); Humanidades_ (2016); Diario de un bebedor de petróleo (2015); Sin título. Técnica Mixta (2012); El canon digital_ la escuela y los libros en la cibercultura (2011); Escrituras past_ tradiciones y futurismos del siglo 21 (2011, 2012) y este año publicó Homo Búnker (2021). El Homo Búnker, que transita en los bordes entre la ficción y la dura realidad del encierro, es el punto de partida de nuestra conversación.

“Un nuevo ser ha nacido. Y está entre nosotros”. ¿Cómo es el Homo Búnker y en qué se diferencia del resto de los mortales?

Homo Búnker sería más bien un personaje literario, construido con los retazos sueltos de muchas historias superpuestas y diferentes. Tiene mucho de Frankenstein, construido a partir de una teoría del archivo. Historia del arte y la literatura concurren. Historia de las tecnologías y de la cultura también. Homo Búnker sería una figura literaria construida con diferentes materiales encontrados en un archivo del encierro. Diferentes imágenes y personajes literarios concurren para darle forma a esa figura. El encierro, la pérdida del espacio público y de las calles, está dando lugar al surgimiento de un nuevo orden, a una nueva subdivisión de la especie. Nos afantasma pensar que estemos ante el fin de la edad nómade, una nueva radicalización del sedentarismo que sobrevino con la organización del saber en las sociedades informatizadas y que se impuso con el homo office. Nietzsche hablaba del hombre como una cuerda tendida entre el animal y el super-hombre. Novelas como La posibilidad de una isla de Michel Houellebecq actualizan esa filosofía de la historia, pensando nuevos modos de una conquista técnica de los cuerpos, nuevos modos de una subdivisión de la especie. La geopolítica mundial, como si de una realización guionada por la filosofía o la historia del arte se tratara, hace lo propio. Entramos así en una nueva era bajo el dominio de una plutocracia global. Y en el otro extremo, asistimos a una tribalización de las sociedades. Homo Búnker es un constructo pergeñado a partir de los retazos de esas dramaticidades en el presente. Pero quisiera pertenecer más al orden de la ficción que al orden de lo real.

Una de las imágenes fuertes que aparecen en tu libro Homo Búnker muestra la obra “In the Box” de Tatsumi Orimoto (2002). ¿Cómo habla esa obra de tu libro?



Siempre me interesaron los artistas de Fluxus, artistas como Nam June Paik o La Monte Young. Tatsumi Orimoto es un artista internacional, que estudió artes entre fines de los 60 en California, vivió en Soho a comienzos de los 70, conoció las dos costas de los EE.UU. y que también participó del movimiento Fluxus. En esta obra en particular -que forma parte de la serie Art Mama- Tatsumi Orimoto pone en primer plano a su madre Odai. Odai podría ser simplemente una anciana que padece sordera y Alzheimer. Pero la obra de Orimoto la saca de ese lugar y la recoloca en un lugar central del arte contemporáneo. Son muchas las obras de Orimoto protagonizadas por su madre. La obra que se cita es muy impresionante y muy fuerte, pero al saber que su madre padece Alzheimer, esa información genera un nuevo efecto y la sobrecarga, le añade como un bucle, una nueva pátina de cobertura al encierro. La obra interpela de un modo profundo maneras alternativas de nuestra relación con los otros. Podría haber acudido a imágenes como las de la relación que Fernand Deligny entabla en los años 60 con Janmari -un niño de 12 años que padecía autismo-. En el libro se cita el caso de El Hombre Elefante -la película de David Lynch basada en la historia en el siglo XIX de Joseph Merrick-. Experiencias como las de Janmari y Odi nos recolocan en el corazón de acontecimientos radicales que prescinden del lenguaje como forma de organización del mundo. En momentos como los del presente, cargados de una inmensa capa de finitud, en la historia del arte y la cultura encontramos espejos fuertes donde contemplar nuestra propia naturaleza. Una pregunta en mi trabajo es cómo concebir formas de escritura que prescindan de una relación convencional con el lenguaje. Es una pregunta que le debe mucho al trabajo de artistas como Alan Courtis, que trabajan con el uso estético del ruido. Es una pregunta utópica y quizá, por esto mismo, necesaria. Cómo hacer arte con imágenes en un mundo regido por el imperialismo de las imágenes, se pregunta Hito Steyerl señalando la misma naturaleza del problema. La obra de Orimoto es una respuesta.

¿Por qué cuando presentás el árbol genealógico del distanciamiento contás la historia de Internet?

Bueno, hay una frase de Alejandro Piscitelli que aparece citada en el libro, cuando señala: «De las dos narrativas actuales de Internet, la del Big Data norteamericano y la del Big Brother de China, nosotros no participamos en ninguna». La pronuncia en 2019 en la Facultad de Sociales, en ocasión de la presentación del libro Media Evolution de Carlos Scolari. Fue una de las últimas actividades “presenciales” a las que asistí antes del confinamiento. Y la mención a China en esa frase de Piscitelli me sorprendió mucho. Porque el Covid-19, presumiblemente originado en China, propone algo de un nuevo orden biopolítico global a la China pero de corte siliconvalleyano. Como que aquella idea de Piscitelli con el Covid-19, que oponía dos paradigmas entre China y EE.UU., se matiza un poco. Y como que las dos grandes narrativas de la segunda década concurren en la tercera década del siglo XXI. Leer siempre es relacionar territorios distantes. Pero creo que este sencillo acto está en la base de la asociación entre el Árbol Genealógico del Distanciamiento y la Historia de Internet. Para el gran público, las tecnologías se presentaban como a-históricas, negadoras de historicidad. La historicidad de las tecnologías, sin embargo, se nos ha vuelto evidente. Siempre ha habido una relación entre literatura y extrañamiento. Hoy ya no nos sorprenden los viajes. Pero sin la sorpresa generada por los viajes, no hubieran existido las aventuras de Jean de Mandeville o Phileas Fogg. Algo de esa naturaleza también comienza a suceder con las comunicaciones. Ya no nos sorprenden las comunicaciones. Pero no son naturales nuestras actuales formas de la comunicación. En los 80 todavía percibíamos el extrañamiento por formas de la comunicación que hoy se han naturalizado. ¿No hay algo de alienación en nuestra naturalización de las tecnologías? La arqueología de medios trabaja a partir de la pregunta por cómo sería la historia del arte y la cultura si, en lugar del teléfono o la radio, se hubiesen impuesto tecnologías como las de los radioaficionados o el telégrafo. De allí que me pareció evidente la relación entre aquel ensayo “As We May Think” (1945) de Vannevar Bush o las invenciones de Ted Nelsson en relación con las formas del archivo y las experiencias de las comunicaciones a distancia en el presente.

Decís que los seres humanos somos seres «redíferos», que amamos las interconexiones y las redes. El Homo Búnker navega por Internet ¿se mueve en un espacio otro?

En otro momento del libro también se plantea que somos seres placentarios. Y que nuestra historia se cifra entre nuestra primitiva vida cavernaria y nuestro destino entre burbujas, esferas, casas con paredes transparentes. Entre nuestra pulsión redífera y nuestra naturaleza placentaria se cifran las paradojas de lo humano. Pero es cierto, aún en las instancias placentarias hay cordones umbilicales y conexiones con el exterior como las que nos proveen los sonidos y la música, señal de que aún en nuestros momentos de mayor aislamiento, mantenemos conexiones con el exterior.

Hay en el libro una referencia a Sloterdijk y su ontología del Ser-ahí-en-el-pequeño-espacio. ¿Creés que el Homo Búnker trasciende al confinamiento pandémico y alimenta el gusto por viajar alrededor de su cuarto?

Bueno, de hecho Viaje alrededor de mi cuarto, el relato de De Maistre que se cita en el libro, es del siglo XVIII. De manera tal que estamos en presencia de un hecho de larga preparación cultural. De allí la necesidad de pensar en términos de longue durée. En Los Archivos II -que aparecerá el año próximo- se trabaja la estructura de la larga duración para pensar la estructura de la historia vertida sobre acontecimientos que ocurren en una sola década o, incluso, en un solo año.

¿Qué te parece la idea de abrir la estética cronista del capítulo “La multiplicación de los informes”? Convertirlo, por ejemplo, en un proyecto colectivo que incluya crónicas diversas.

En la cátedra de poesía contemporánea, en la carrera de Artes de la Escritura, trabajamos con el concepto de “Autoría Compleja” de Reinaldo Laddaga. O con conceptos como el de Poesía Spam de Charly Gradin. Hay muchos trabajos en esa línea. Graciela Montaldo hace algunos años ya planteaba que el ensayista y el crítico contemporáneo ejercita nuevos modos de intervención en los que la curaduría y la exposición forman parte de sus nuevos horizontes de trabajo. “La multiplicación de los informes” está escrito bajo ese impulso: con la convicción de que hay una proliferación crítica del testimonio documental. De manera tal que no sería errónea esa consideración del ensayo como el guión para una performance o una exposición colectiva en un museo. Varios de mis textos inéditos son guiones de performances imaginadas pero nunca concretadas, señal de que algo de otro orden, del orden de la exposición de arte o de lo performático, es lo que impulsa también a mis ensayos y mis textos. Hace poco un antiguo libro, inédito, Museos de peces besándose, sirvió de base para la escritura del guión de “Paraísos Artificiales. Antología de poesía en la web”, que se estrenó en 2021.

¿Hubo en tu caso una ecuación confinamiento-tecnología-creatividad?

(Risas). La pregunta me recuerda a la respuesta de Bioy Casares cuando le preguntaron en qué lugar le gustaría esperar el fin del mundo. La respuesta de Bioy Casares fue categórica: en una sala de cine. Cuando el confinamiento se desató, con la profunda carga de finitud que trajo consigo, me encontraba en el piso 18 de un edificio. Debimos permanecer allí durante varios meses. Me sorprendí a mí mismo despertando a la madrugada y contemplando la ciudad de noche. A diferencia de Bioy, nosotros nos vimos imposibilitados de ir al cine. Pero las ventanas iluminadas a las 3 de la mañana me trajeron el recuerdo de La ventana indiscreta de Hitchcock. De modo que entendí donde me estaba tocando a mí esperar el fin del mundo. Contemplando Buenos Aires desde muy alto, sentado frente a una computadora y escribiendo. Los artistas suelen sublimar sus deseos de destruir el mundo. El arte es un daño colateral, los efectos no deseados de una experiencia dramática.

El título de este libro tiene una resonancia estética contundente y revela un trasfondo histórico. ¿Te trajo problemas usar el “Homo” genérico? ¿te produjo contradicciones? ¿reclamos de algún tipo?

Yo venía trabajando con otros personajes como Lady Bunker y Srita. Scape, pero por alguna razón preferí que no aparecieran en el libro, dejarlos para otros trabajos posteriores. Todos mis libros se relacionan como en una serie y en un continuum, de manera tal que no es difícil que aparezcan en algún momento como parte de esa familia de personajes de los que el Homo Búnker forma parte. Los escritores son sujetos desabonados del inconsciente -que pueden entrar y salir del inconsciente sin que ello implique desde luego un trabajo analítico-, o seres desafectados de la estructura, esto es, sujetos que no se piensan en relación con un ojo social que los mira. El zócalo trans o queer seguramente está en la base de composición del libro. Siempre estuve involucrado con el movimiento LGBT+ por la diversidad sexual, y desde la infancia siempre me sentí involucrado por lo que ahora reconocemos como figuras de la deconstrucción masculina. En rigor, cuando tuve problemas de ese tipo, los tuve por el lado inverso: más bien recibí siempre acusaciones desde el ámbito de esa heteronormatividad ahora ya demodé y afortunadamente caduca que reclamaba mayor virilidad y a la que jamás le di otra cosa sino indiferencia. Cosas como esas, así como la conciencia ambiental, forman parte de mi trabajo de un modo velado, subrepticio, no explícito. Aún en tiempos de postautonomía, creo en la autonomía de la literatura frente a los discursos sociales. Esas cosas están en el núcleo de mi trabajo pero están, para de alguna manera decirlo, del modo en que están presentes los discursos de la economía en la literatura de César Aira: de una manera subrepticia y subliminal. Tamara Kamenzsain señaló que la noticia de la reestatización de YPF, ocurrida en abril del 2012, seguramente debió estar en el origen de la escritura de Diario de un bebedor de petróleo, escrito entre octubre y noviembre del mismo año. Pero no hay ningún indicio de ello en el libro. Es esa una relación que aparece después. Por las mismas razones, muchas ideas fuerzas que hacen de lo doméstico un lugar tradicionalmente femenino, debieron de estar seguramente en el origen de Homo Búnker… Dejando de lado la cuestión de género, y yendo a otras implicancias del término, Homo Búnker podría ser el nombre de una figura que está y no está, entra y sale del Clóset.