Músico, médico y carpintero

Tengo 66 años y soy músico, médico y carpintero, en ese orden cronológico. A principios de 1983, un amigo que estudiaba ingeniería se pasó a Análisis de Sistemas (así se llamaba por ese entonces la actual ingeniería informática). Se había comprado una Texas TI 99 en un viaje a Miami y quería a toda costa convencerme de su utilidad. Esa máquina tenía 48 kbytes de memoria total y almacenaba información de manera lineal, en cintas de cassette, para lo cual había que agregarle un grabador a cassette, o incluso uno de cinta abierta – si alguien tenía la suerte de conservar alguno de la década de los 60. Mi amigo me mostró cómo anotaba todos los datos de su economía familiar y los de salud en la Texas, y yo no podía creer que alguien pensara que ese artefacto incómodo fuera superior a un lápiz y una libreta.

Cuatro años más tarde estaba programando en Basic en una Commodore 64. Ya vislumbraba que esas máquinas podrían servir para algo más que para jugar. Entonces apareció en mi vida la primera PC, una XT de 512 kb sin disco rígido y con una sola disquetera. Los diskettes eran el soporte de la información. En ese entonces la capacidad máxima era de 300 kb, así que todo programa (ahora los llamamos “aplicación”) de uso domiciliario no podía superar ese tamaño. Sin embargo, pese a esa limitación, surgieron los primeros softwares de escritura y, paralelamente, los primeros softwares para componer música, que se llamaban “secuenciadores”. Un amigo músico me habló de las “placas midi” para conectar una pc a un teclado que soportara el lenguaje MIDI.



El MIDI es un lenguaje internacional que se creó a principios de los 80 para universalizar la comunicación de la música mediante las computadoras. Con pocos agregados se utiliza hasta el día de hoy. El caso es que tuve mi placa MIDI y un instrumento de teclado que pude conectar a mi PC, y el mismo amigo me facilitó una copia del “Cakewalk 4.0”, mi primer secuenciador. En pocos meses me convertí en experto en el uso de esta herramienta maravillosa, que permitía copiar y pegar, borrar, corregir, acortar, estirar, modificar la velocidad. ¡sumar instrumentos!, una verdadera maravilla. Y es en este párrafo donde quisiera hacer hincapié, específicamente en la palabra “herramienta”. Y vuelvo a ser autorreferencial, dado que lo único que me autoriza a escribir estas líneas es mi extensa experiencia personal en el tema. Acababa de “escribir” una versión de Sweet Georgia Brown para quinteto de flautas dulces cuando llegó de visita el amigo analista de sistemas. Inmediatamente le hice escuchar lo que acababa de hacer y me dijo maravillado “qué bárbaro, lo que pueden las computadoras”. Por supuesto me sentí ofendido así que le retruqué: “es verdad, ahí la tenés, ahora hacé uno vos”.

Hoy en día ya no estoy tan seguro de que vaya a seguir siendo así por tiempo indeterminado. No sabemos (yo no sé) si la inteligencia artificial va a ser también creativa, pero por ahora la PC sigue siendo una herramienta, aunque mucho más potente. Los viejos secuenciadores ahora se llaman “Daw” y son un estudio completo de producción musical. Con ellos se compone, se edita, se renderiza (convertir los códigos MIDI en sonido real) utilizando los instrumentos VST (instrumentos virtuales que suenan como los reales), se mezcla y se masteriza.



Todavía existe el productor musical y el ingeniero de sonido, pero son para la música grabada en instrumentos reales. Quien maneje bien un Daw puede hacer todo el trabajo por sí mismo. La diferencia entre la música virtual y la real es cada vez menor, aunque todavía no llegue a igualarla. Para un compositor es maravilloso escuchar su música. Antes no era así. La música estaba en su cabeza y en el papel, pero para escucharla tenía que reunir una cantidad de gente muchas veces inalcanzable. El gran Johann Sebastian Bach nunca escuchó gran parte de la música que compuso para orquesta, ya que en todo su período de Leipzig -el más largo y fecundo- nunca contó con una orquesta numerosa ni de calidad. Es muy probable que no haya escuchado jamás su maravilloso doble concierto para oboe y violín, que yo he escuchado decenas de veces.

¿Y cómo afectan estas herramientas a la creatividad? ¿Cuánto más hubiera compuesto Bach si hubiera tenido una computadora? No hay manera de saberlo. Incluso, ateniéndome a las palabras de mi padre “la realidad es sólo una de las posibilidades”, es posible que don Bach se hubiera copado con los jueguitos y no hubiera compuesto nada. En mi caso la computadora fue un potenciador absoluto.



El 18 de marzo de 2020 fue el último día que ejercí la medicina. Ya había pandemia en el mundo y estaba comenzando en Argentina, tanto que el 20 de marzo se decretó la cuarentena. Pero por las redes nos llegaban imágenes de otras partes del mundo, donde la gente ya estaba encerrada. Se veían ciudades vacías y cómo esto se reflejaba en la naturaleza. Una de las que más me impactó fue un video de los canales de Venecia con el agua transparente. Eso me motivó a componer el primer tema de la cuarentena. Así, el 19 de marzo nació “Aguas claras en Venecia” y, gracias a la computadora y a varias herramientas, ese mismo día por la noche el tema estaba en los celulares de mis amigos.

Para escuchar

Primer disco “Para el Viejo”:
“Para el Viejo”1
“Para el Viejo”2
“Para el Viejo”3
“Para el Viejo”

“Aguas Claras en Venecia”
“Aguas claras…”
“Aguas claras en Venecia” De Tatón a las Dunas (poema sinfónico)
“De Tatón a las dunas”
“De Tatón a las dunas”