Químico industrial y poeta

Soy químico industrial. Escribo poesía y leo en público desde inicios de la década de los ochenta. Crecí en un barrio periférico del Conurbano de Buenos Aires. Tuve línea de teléfono a mitad de los noventa y mi primer PC en el 2005. No tuve correo electrónico hasta entrado el 2006. Sufro al enfrentar un teclado de cajero automático. Odio tener que recordar las claves de diversos sistemas. Me cuesta escribir con los delicados caracteres del celular. La tecnología me resulta complicada. Autoedité varios libros y en ese transcurrir conocí los programas a través de los diseñadores gráficos. Llegados los dosmiles mi interacción con la tecnología seguía siendo esquiva, pero en ascenso. El soporte habitual de mi escritura siempre fue el papel pero fui modificándolo cuando comencé también a escribir con el teclado de mi primera PC.

Luego inicié el camino de las redes sociales, primero el mail, luego el FB, el WhatsApp y recientemente IG. Pero una tarde de la primavera de 2018, haciendo tiempo en un bar, tuve un rapto de inspiración y me di cuenta que no tenía papel ni birome. Se me ocurrió una idea: ¿por qué no escribir el poema como un mensaje de WhatsApp y enviarlo a mi pareja?… Ese fue entonces el primer poema escrito en mi celular. A partir de ese día, cada vez que necesité escribir un poema lo hice por WhatsApp y ese fue mi nuevo soporte. Me sorprendí, me reí de mí. Esos poemas constituyeron el núcleo de mi libro “FUGA” que presenté a fines del 2019 en un bar de Palermo.

El día de la presentación de “FUGA” (Ed. Merodeo) me acompañaron varios amigos y uno de ellos, el músico italiano Federico Melioli, me espoleó:“Osvaldo, hace tiempo que decimos de hacer algo juntos ¿por qué no ponemos fecha?”. En ese mismo momento, agarramos un calendario y marcamos el último miércoles de enero de 2020.

Nos juntamos en el estudio de Federico y registramos 9 poemas. Dejamos pasar febrero y en marzo y después Federico se metió a musicalizar el primer poema. Cuando quiso mostrármelo ya estábamos en pandemia. Ni pensar encontrarnos cara a cara. Así que me envió un MP3 por WhatsApp.



En su estudio, Federico fue hilvanando melodías que revistieron las palabras con variados estilos de música tecno. Me los enviaba y yo respondía sugiriéndole pequeños cambios, detalles. También me llamaba antes de iniciar un trabajo con un nuevo poema y conversábamos acerca de mis sensaciones musicales respecto del nuevo texto. Fue un ida y vuelta intenso. Ese devenir creativo ayudó mucho a colorear el tránsito oscuro del Covid 19 que tanta muerte sembró en su primera ola.

El trabajo fue grabado enteramente en el programa Protools con sistema Mac. Se mezclaron los instrumentos analógicos con otros virtuales. Se usaron sintetizadores analógicos como el MicroKongs y otros de la marca Arturia que brindan emulaciones fieles y muy cercanas a los sintetizadores clásicos como el Moog. También se procesaron sonidos de la naturaleza.

Federico sampleó sonidos incidentales, procesó guitarras para que no parecieran tales y buscó el ESPACIO … para que la voz del poeta fuera siempre el instrumento principal y que nada se interpusiera entre la PALABRA y el OYENTE.

PARA VER Y ESCUCHAR
EL AURA