La telefonía móvil es la tecnología de más amplia y rápida difusión entre las tecnologías de información y comunicación. La Unión Internacional de Telecomunicaciones consigna que las líneas activas pasaron de 2.200 millones en 2005 a unos 7.100 millones en 2015, llegando a una tasa de penetración del 96,8%. Pero además de esta expansión cuantitativa, el teléfono móvil (o celular) se ha incorporado a los hábitos y rutinas cotidianos de sus usuarios, convirtiéndose en un caso prácticamente literal del famoso aforismo mcluhaniano, ése que sentenciaba que los medios son extensiones del hombre.

Los lanzamientos de un nuevo modelo de iPhone o Samsung Galaxy son cubiertos como eventos de importancia, pero en las páginas de diarios y en informativos televisivos también abundan noticias sobre usos y hábitos. Reseñemos solamente la publicada por el colombiano El Espectador, que daba cuenta, el 23 de julio, de estudios que afirman que los cerebros humanos se han modificado con el uso del móvil, ya que se han acostumbrado a revisarlo cada pocos minutos. Incluso, según un investigador norteamericano, «existe un síndrome llamado el mensaje fantasma en el que una persona imagina el sonido o la alerta de una nueva notificación, pero en realidad no existe nada» .

La evidente importancia del móvil, en casi todos los aspectos de la vida cotidiana de los hombres y mujeres de esta segunda década del siglo XXI nos ha llevado a considerarlo de manera destacada en el marco del Programa de Investigación Cultura, apropiaciones tecnológicas y representaciones sociales en la Provincia del Chubut, que llevamos adelante en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco . Un proyecto de investigación específico –encarado junto a Marta Bianchi, Celina Salvatierra y Natalia Carrizo, e incluido en este programa– se centra en las relaciones entre padres, hijos y escuela y en la manera en que los celulares han provocado cambios en estas relaciones, en la definición social de la paternidad y en la dialéctica entre control y libertad que le es inherente. La tesis de Jonatan Montiel, también integrante del equipo, aborda la adopción de los móviles entre grupos de jóvenes de diferente condición. Por mi parte me he concentrado en el estudio del proceso de apropiación de la telefonía móvil en Argentina como un caso de domesticación tecnológica.



El concepto de “domesticación” fue acuñado por el sociólogo inglés Roger Silverstone a principios de los años noventa para referirse al proceso de adopción de una tecnología en el ámbito doméstico. Así como los seres humanos hemos domesticado distintas especies animales y vegetales, extrayéndolas de su ambiente silvestre originario y adaptándolas a nuestras necesidades y gustos, también las tecnologías, decía Silverstone, deben ser domesticadas para conseguir un lugar propio en el hogar.

Este enfoque es particularmente iluminador por cuanto considera que, a fin de volver posible su adopción y uso, los dispositivos técnicos deben ser enmarcados en los contextos significativos de los usuarios, proceso en el cual adquieren sentidos y valores que no siempre son previstos de antemano. Pero un dispositivo no es nunca una página en blanco, susceptible de cualquier interpretación y/o uso y, por ello, debe ser analizado en el marco de un sistema que abarca sus lógicas económicas, sus desarrollos tecnológicos y sus marcos regulatorios.

En nuestra investigación sobre el proceso de adopción del teléfono móvil en Argentina hemos definido cuatro etapas para el mismo, tomando en cuenta aspectos de desarrollo técnico y cambios regulatorios, y que van desde su introducción en 1989 hasta la actualidad . Si bien el objetivo último es indagar en los sentidos, resignificaciones y apropiaciones que plantean los usuarios, nos interesa hacer dialogar estas percepciones con las estrategias que plantean las empresas para la colocación de sus productos, la ampliación de la adopción y la mejora de la participación en los respectivos mercados, y para ello nos concentramos en el análisis de la los anuncios publicitarios que las operadoras de telefonía móvil han difundido. Entendemos que, a la par que poseen objetivos comerciales específicos, los anuncios publicitarios cumplen una función “educativa”: muestran los usos “correctos” de los dispositivos tecnológicos, son la materia con la que ponemos en funcionamiento la imaginación sobre los usos que haremos (en un futuro que se vuelve deseo) de un dispositivo o servicio antes de adquirirlo, y la creación de las justificaciones para hacerlo.



Para ello hemos confeccionado una muestra constituida por 258 spots publicitarios de las principales operadoras del país, la que fue sometida a un análisis de contenido temático, para el que definimos un conjunto de variables analíticas. Como ejemplo de los hallazgos producto de este análisis, veamos el caso de las funcionalidades y aplicaciones utilizadas en los spots.

Al respecto, una de las primeras características de la muestra analizada que resulta de interés es el significativo número de piezas publicitarias de operadores de telefonía móvil donde no se muestra el uso de teléfonos móviles: algo más de un tercio de los spots se encuentran en este grupo (38%). ¿A qué puede deberse esto?

Existen varios factores que explican este dato (necesidades argumentales, opciones estéticas, lógica del esponsoreo, etc.), pero un aspecto muy interesante desde el punto de vista teórico es registrar el declive de la aparición de móviles –en los avisos considerados– en el tiempo. Los spots donde no aparecen celulares representan sólo el 12,5% de los avisos en las primeras etapas, pero trepan al 33,9% en la tercera etapa, y al 24,3% en la última. Podemos explicar esta deriva si consideramos que el teléfono móvil ha superado hace tiempo el umbral para convertirse en algo dado por hecho. Como ha señalado el investigador Rich Ling, si por un lado el teléfono móvil se ha vuelto más central para el funcionamiento de la sociedad, por el otro lado también es cada vez menos digno de atención. En sus palabras, «el teléfono móvil se ha convertido, en cierto modo, en irrelevante: se ha vuelto algo dado por hecho» .

Sin dudas, estamos asistiendo a una «normalización» de los teléfonos móviles en nuestras vidas cotidianas, a considerar que su uso es obvio. En consecuencia, las problemáticas que acarrea su adopción –al mismo tiempo y de modo paradójico– son por un lado destacadas (como observamos en el creciente número de noticias sobre ellas), pero por el otro se invisibilizan. En lo sucesivo necesitaremos realizar, cada vez más, ese esfuerzo que el crítico ruso Viktor Shklovsky describió con el término ostranénie, un tipo de distanciamiento que haga que lo familiar parezca extraño y lo natural, arbitrario.





El síndrome del celular fantasma
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Puede consultarse información sobre este programa en el sitio web del Grupo de Trabajo sobre Internet, tecnología y cultura (GT-Itc):
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Una explicación más detallada puede encontrarse en Sandoval, L.R. “La constitución de la telefonía móvil en Argentina: marcos regulatorios, retórica publicitaria y domesticación”, en Comunicación y Sociedad N.º 25, enero-junio de 2016, Universidad de Guadalajara.
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