Lejos quedaron aquellas fiestas atléticas celebradas en la antigua Olimpia, en la que participantes de todos los rincones de Grecia se medían en un puñado de competencias con el fin de honorar a su dios Zeus y condecorarse con la corona de olivo. Hoy en día un gran porcentaje de la población mundial practica activamente un deporte; las disciplinas son incontables, los estímulos variados e incluso la forma de entrenar cambio radicalmente. Vivimos en un mundo en el que la tecnología se encuentra en todos lados, y el deporte no es la excepción. Existen gadgets, sensores, instrumentos y hasta vestimenta con tecnología orientada a todo esto. Los deportes cambiaron y con ello la manera de entrenarse.

Los Juegos Olímpicos antiguos tienen sus inicios en el año 776 a.c., y durante casi los doce siglos que se practicaron, todos los hombres griegos de condición libre que aspiraban a participar se entrenaban un año antes de la competencia, no para recibir premios materiales, sino el honor y la gloria. Incluso, era una práctica común que los contendientes compitan completamente desnudos, orgullosos de mostrar su condición física. A diferencia de hoy en día, pocas eran las disciplinas que comprendían los Juegos Olímpicos; salto en largo, lanzamiento de disco y jabalina, carreras de velocidad a pie y en carreta y distintos tipos de lucha eran las principales. Todos los deportistas se presentaban de manera individual y bajo ningún tipo de bandera, tal vez otra manera de exacerbar el estado físico personal. Aristóteles mismo argumentaba que el Pentatlón (conjunto de 5 disciplinas distintas) era la prueba perfecta de destreza y fuerza que un hombre debía tener. Aunque sin dudas, el espectáculo más violento era el Pancracio. Un combate casi a muerte entre dos atletas, similar a la lucha libre o artes marciales mixtas (MMA), que si bien podía terminar con la vida del oponente, no se permitía romper dedos, sacar ojos o morder.

Pero los juegos olímpicos de la antigüedad no sólo eran un evento atlético. También favorecieron el desarrollo cultural al amparar la creación humana en diversos campos como en la escultura, arquitectura, matemáticas y poesía. En la escultura, los juegos inspiraron el famoso “Discóbolo de Mirón”. Fueron escritas millones de odas para inmortalizar los triunfos de los atletas en las Olimpiadas. Lo mismo sucede hoy en día, alejados de las canchas y estadios, hay personas que se dedican íntegramente al desarrollo de tecnología para ser aplicada al deporte y el entrenamiento.

Leandro Carbone es Licenciado en Actividad Física y Deportiva de la Universidad del Salvador, Especialista en Fisiología del Ejercicio de la Universidad Nacional de La Plata y actualmente se encuentra terminando sus estudios de Master en entrenamiento deportivo (UNINI). Es fundador del grupo LIFT, en el que se encargan de ofrecer un servicio de evaluación, planificación, control y seguimiento del entrenamiento basados en la evidencia científica. Lo entrevistamos para que nos brinde una visión más cercana y su percepción de la tecnología en el deporte, ya que ellos utilizan distintos medios tecnológicos, herramientas y software, para realizar un seguimiento, control, planificación y evaluación permanente del deportista.



Así como los deportes desde la antigua Grecia fueron cambiando, las tecnologías aplicadas a los mismos también. Leandro nos explica que el principal avance tecnológico en cuanto al entrenamiento es la portabilidad. Los estudios y evaluaciones dejaron de ser exclusivamente en grandes laboratorios, con máquinas rusticas y grandes como aquellas que Iván Drago utilizó antes de luchar contra Rocky. Hoy en día los costos son mucho menores, la portabilidad y el tamaño cambió radicalmente, lo que decanta en un mayor acceso a las mismas. Son pequeñas maquinas o sensores que se conectan a cualquier computadora y de ahí nace una infinidad de variables que luego se pueden analizar y comparar.



En la actualidad, el alcance a distintas herramientas de medición es abrumador. Existen todo tipo de aplicaciones para el celular orientadas al deporte. Tal vez las más populares sean las de running. Pueden medirte el tiempo de la carrera, la distancia total, distancia parcial, todo con sus respectivas velocidades y ritmos. Incluso se pueden sumar otros gadgets compatibles, como pulseras o relojes que miden el ritmo cardiaco y así sumar aún más información para el deportista amateur, y no tanto. Es decir, todos los usuarios de smartphones tienen la posibilidad de medir su rendimiento, en menor o mayor medida, lo que resulta asombroso. Pero el cuerpo no es una máquina y no suele responder de la misma manera a los mismos estímulos.





Dentro de cada partido, de cada juego, de cada punto la tecnología también está haciendo de lo suyo. Se busca que el error humano sea cada vez menor, y a su vez, haya reglas y puntajes más claros. Por ejemplo vamos a ver que en estos Juegos Olímpicos el vóley tendrá un segundo árbitro encargado de analizar aquellas jugadas dudosas al mejor estilo telebeam u ojo de halcón. Lo mismo sucede en la arquería. El blanco contará con un sofisticado sistema de sensores que, con una precisión de 0,2 mm, transmitirá en una pantalla el resultado de cada tiro.



Es que incluso algunos cambios son previsibles o incluso pueden sonar algo básico. A partir de ahora, los botes de remo incorporaran un GPS para conocer la ubicación y velocidad de cada embarcación. Si bien el fin fundamental es transmitir la experiencia, no es algo alejado a lo que brinda un GPS normal o incluso la aplicación de cualquier smartphone. El mismo caso sucede en las carreras de nado. En los Juegos Olímpicos de Rio, los nadadores van a tener una pantalla en el fondo de la pileta que les ira contando las vueltas que llevan hechas.

Actualmente, como nos explica Leandro, existen herramientas biomecánicas que permiten analizar en tres dimensiones, con cámaras de alta velocidad y sensores especiales, que permiten obtener no solo mayor información sino que en tiempo real. Pero toda esta visión futurista está limitado a un lugar físico, como pueden ser los laboratorios especializados de la academia Aspire de Qatar o el centro de alto rendimiento Exos en Estados Unidos. El gran paso está en lograr la portabilidad que muchas herramientas poseen, y así trasladarlo a los gimnasios, pistas de entrenamiento o canchas de cualquier deporte.

Existe la posibilidad de que en los próximos Juegos Olímpicos se rompan varios récords y se amplíen las fronteras de lo que un ser humano puede hacer en una arena deportiva. Pero también podremos ver hasta dónde ha llegado la tecnología y cómo puede ayudarnos a mejorar nuestra experiencia dentro y fuera de las canchas.