Las transformaciones del tejido social producidas a partir de los procesos de producción y apropiación tecnológica de las últimas décadas habilitaron numerosas discusiones, entre otras, las vinculadas a los nuevos escenarios de aprendizaje que trascienden y cuestionan los espacios escolares formales heredados de la modernidad. Así, educación expandida, invisible, ubicua entre otros términos, han enfatizado el análisis de diferentes facetas y modalidades no formales de acceso al conocimiento. No es que este tipo de aprendizajes no existiera antes, sino que la aparición -y apropiación- de las tecnologías digitales interactivas ha potenciado estos procesos, formando parte activa de la cotidianidad, poniendo en cuestión la vigencia de la escuela moderna.

En este contexto surgen grupos de agentes que, aprovechando las herramientas tecnológicas e Internet, se organizan deslocalizadamente para producir conocimiento en ámbitos no formales, para practicar hobbies, para producir con otros: surgen y se consolidan las comunidades virtuales.

Desde hace un tiempo estoy estudiando comunidades virtuales cuyo objetivo es la práctica y perfeccionamiento de un idioma a partir del ejercicio de subtitular productos audiovisuales (Bianchi M, 2014) . Este tipo de comunidades representa un ejemplo de aquello que Yochai Benkler (2006) denominó "producción entre pares por fuera del mercado", dado que su finalidad no es la persecución de una ganancia económica, sino que las motivaciones de los participantes - al contrario- son otras (Busaniche, Wolf, & Miranda, 2011)

Sin embargo, podemos constatar algunas maneras en que el conocimiento generado a partir de la construcción colaborativa es apropiado por el mercado y que aquí expondremos brevemente.

El fenómeno denominado crowdsourcing, término acuñado originalmente por Jeff Howe, alude al proceso mediante el cual una comunidad resuelve de forma colaborativa algún tipo de problema utilizando la web 2.0, en lugar de hacerlo un profesional o una empresa. En su versión más abierta las empresas convocan a colaborar con determinada tarea puntual y retribuyen con una remuneración. Tercerizan así determinados procesos cuyo insumo principal es el conocimiento, abaratando costos de producción. Un ejemplo lo constituye la chilena Moovshake, cuya génesis y carácter lo constituye esta estrategia.

En su versión más oscura, el crowdsourcing se materializa con la apropiación de trabajo ajeno sin remunerarlo (y en ocasiones sin siquiera informar al colaborador qué se utilizará y para qué de su trabajo). Un ejemplo de ello es el sistema ReCaptcha, que utiliza Google para mejorar la información captada por Google Street View: los usuarios interpretan fotos borrosas con números o letras que corresponden a carteles de calles o edificios, alimentando y perfeccionando así la base de datos de la corporación.

La versión más amigable -y más cercana a la utopía tecnológica que resalta las bondades del trabajo distribuido y colaborativo- la constituyen las convocatorias a empresas de interés científico o altruistas, tal como la efectuada por Digital Globe para la búsqueda del vuelo 370 del Malaysa Airlines en 2014 o la convocatoria a observadores aficionados para participar de un proyecto de ornitología liderado por la Universidad de Cornell (EE.UU) al que se sumó CONABIO en México.También llamada ciencia ciudadana, esta práctica está extendida en múltiples ámbitos: en la UNPSJB recientemente se ha convocado a los viajeros a reportar animales silvestres atropellados a traves de una aplicación de celular, en el marco de una investigación interdisciplinaria cuyo objetivo es medir el impacto que diferentes actividades humanas tienen en la fauna patagónica.




Las enumeradas son maneras directas de apropiación de capital cognitivo, pero también pueden observarse maneras indirectas: es sobre algunas de ellas que quisiera detenerme en relación al análisis de las comunidades de subtituladores.

En primer lugar, conviene recordar que los integrantes de estas comunidades realizan una inversión significativa de tiempo, esfuerzo y monetaria en el armado y sostenimiento de los sitios. La práctica les permite aprender y agilizar un segundo idioma, aprender reglas para subtitular, adquirir competencias para manejar software para este fin (que en algunos casos desarrollan o mejoran). Aprovechan las herramientas digitales para coordinar trabajo deslocalizado, aprenden a estimular la productividad del grupo para mejorar la calidad de los subtítulos.

Ahora bien, muchos de estos actores transfieren esos conocimientos y experiencia a otros ámbitos: sus empleos, sus estudios de grado y/o posgrado, actividades de ocio. Analizado desde el lugar de los actores podemos pensar en que han mejorado sus oportunidades y perfomance, incluso sus chances de empleabilidad.

Pero si lo analizamos estructuralmente podemos ver cómo este aprendizaje gestado en el seno de la comunidad virtual es aprovechado por distintos ámbitos empresariales y económicos a partir de las mejoras de las competencias individuales de sus empleados, (que participan de aquellas comunidades) y en las cuales no han invertido directamente. Puede constatarse entonces una transferencia efectiva de capital en forma de conocimiento, que alimenta la maquinaria estructural. Paolo Virno plantea con agudeza que la cooperación subjetiva y el conocimiento se convierten en el posfordismo en la principal fuerza productiva: la relación con los otros, las facultades comunicativas, el propio tener-lenguaje se ven reducidos a trabajo asalariado (Virno, 2003).

Por otra parte, en el caso de los productos concretos que son los subtítulos, al ponerlos a disposición de manera gratuita también ocurre que algunas industrias del entretenimiento aprovechan estos productos, cuyo costo de producción sortean. Así, el gesto altruista de compartir el producto del trabajo cooperativo descentralizado sin lucrar termina siendo lucrativo para otros. (De hecho algunas de las comunidades son prestigiosas por la calidad de sus trabajos, que son entonces aprovechados y valorados en el mercado).




En variadas ocasiones se analizan las posibilidades de aprendizaje surgidas en ámbitos no formales resaltando sus bondades. Efectivamente una mirada optimista es posible, aunque siempre es oportuno analizar también las maneras en que el nuevo capitalismo profundiza sus formas de consolidarse aun aprovechando los intersticios que permiten prácticas pretendidamente por fuera del mercado…