En este artículo Mariano Mosquera comenta algunos de los avatares de la literatura en la era digital. La emergencia de nuevas textualidades digitales nos proponen nuevas concepciones de literatura, al tiempo que también nos obligan a expandir las competencias de la crítica hacia territorios no siempre explorados: “¿no debería surgir la figura del crítico-programador que pueda analizar esas interacciones entre lo verbal y lo informático?” pregunta Mosquera en un gesto abiertamente provocador.

En nuestra investigación sobre las transformaciones de la literatura en la era digital, nos vimos enfrentados al problema de si las interacciones entre cultura letrada y cibercultura producían nuevas concepciones de literatura (Mendoza, 2011). Se impone, entonces, una primera pregunta: ¿Qué son las concepciones de literatura? Nuestra aproximación a este fenómeno depende de dos postulados aparentemente contradictorios que sostendremos en una bipolaridad dinámica, como momentos “objetivos” y “subjetivos” de un mismo problema. Por un lado, recuperamos la hipótesis de Blanchot (1992) de que las obras literarias modernas se constituyen como una interrogación del ser mismo de la literatura (o, para ser menos metafísicos, interrogación sobre el estatuto propio de lo literario). Por otro, recuperamos la operación de Ludmer (2015) que considera que las concepciones de literatura son sistemas de creencias más o menos articulados, más o menos vulgarizados o naturalizados. Son sistemas difusos sobre qué es la literatura, cómo debe leérsela, qué función cumple en la sociedad, etc. Las teorías que recuperamos en nuestro trabajo no se identifican con las concepciones de literatura sino que, precisamente, toman estas concepciones como su objeto. Objetivo y subjetivo: estos momentos entran en una relación dinámica. En un sentido, es la teoría de las concepciones de literatura como sistema de creencias la que permite visibilizar y construir ciertos objetos específicos. Por otro, es la dinámica inmanente de ciertos objetos los que lanzan una problematización de esos modos de leer. Ni aplicacionismo ni empirismo ramplón, sino diálogo dinámico.

Tomando esta precisión como punto de partida, una nueva concepción aparece como el emergente más claro (pero no el único): el caso de la literatura digital. En primer lugar habría que definir un concepto general de texto digital. Tal como señala María Clara Paixão de Sousa (2009), el texto tradicional (manuscrito, tipografiado) se apoya sobre un sistema simbólico de representación del lenguaje, cuyas correspondencias dependen de una tecnología lógico-sensorial, es decir, la palabra escrita (su visibilidad) junto con las capacidades cognitivas del sujeto. En este sentido, en el texto tradicional todo el proceso (de)codificador es humano. El texto digital combina, en cambio, la tecnología lógico-sensorial (humana) con una lógica artificial, un proceso matemático que participa en la codificación y la decodificación. Este proceso inhumano depende de la transformación de la información lingüística en datos numéricos, que entran luego en correspondencia, nuevamente, con caracteres (letras), en una instancia de pos-procesamiento. El mundo digital desdobla entonces la cultura textual en dos niveles. Por un lado, una capa superficial y visible, el texto lingüístico; por otro, una capa profunda e invisible, el texto matemático (los lenguajes ASCII, por ejemplo). El nivel lingüístico es siempre texto derivado, segundo, ya-metáfora de un código matemático que lo posibilita. Ahora bien, aunque este concepto de texto digital es condición material de la literatura digital, podría resultar banal si tenemos en cuenta que la mayor parte de la producción literaria contemporánea tiene al procesador de texto como condición de producción, aunque luego tenga una presentación impresa (Kozak, 2015). No se trata de un problema menor, ya que, en vistas de una mayor especificación y delimitación, deberíamos definir a la literatura digital, por la mínima, por dos factores: 1) presentación en medio digital; 2) interacciones significativas y no automáticas entre el nivel matemático y el nivel verbal, no solo una perspectiva instrumental. Para establecer una fenomenología de las exigencias lectoras de esta concepción de literatura, conviene apelar al trabajo fundacional de Espen Aarseth (2004), que se constituyó como un instaurador de discursividad de los análisis de la literatura digital. Aarseth distingue la actuación del lector tradicional, que se produce enteramente en un nivel mental, de la actuación del usuario del cibertexto, que también comporta un nivel extranoemático. Durante el proceso cibertextual, el usuario habrá efectuado una secuencia semiótica, y este movimiento selectivo es una labor de construcción física que no se describe en los diversos conceptos tradicionales de “lectura”. Este fenómeno Aarseth lo denomina “ergódico” y lo caracteriza como un esfuerzo no trivial que permita al lector transitar el texto. Si la literatura ergódica tiene sentido en tanto que concepto es porque puede diferenciarse de una lectura no ergódica, en la que el esfuerzo de transitar por el texto sea trivial, en la que el lector carezca de responsabilidades extranoemáticas excepto, por ejemplo, mover los ojos y pasar las páginas de forma periódica o arbitraria.

Un cibertexto es literalmente una máquina para la producción de variedades de expresión, que es recorrida variablemente por un usuario-lector.

Pero aquí se podría señalar que estos problemas ya fueron abarcados para la literatura tradicional por las teorías posestructuralistas y posmodernas. El punto de Aarseth es que un cibertexto (por ejemplo, un hipertexto) no es un texto en el mismo sentido que una obra literaria típica lo es. Ambos comparten en que se trata de estructuras verbales con fines estéticos, pero el cibertexto agrega una dimensión paraverbal adicional. No se deben confundir los conceptos de lectura como trabajo y como recorrido de la pluralidad semiótica (Barthes) con lo que implica un cibertexto. Un cibertexto es literalmente una máquina para la producción de variedades de expresión, que es recorrida variablemente por un usuario-lector. En este sentido, puede pensarse a la teoría de la literatura ergódica como una radicalización y materialización literal de algunos aspectos metafóricos señalados por el posestructuralismo y el postmodernismo. Como un ejemplo entre cientos, podríamos mencionar Tierra de extracción de Doménico Chiappe (2007). Esta obra nos muestra que la literatura digital debe comprenderse como un juego, donde las acciones de lectura adquieren un aspecto performativo en el cual la narrativa debe ser activada por medio de la ejecución de códigos informáticos.

Obras como Tierra de extracción de Doménico Chiappe (2007) interpelan concepciones clásicas de la literatura. Se trata de una obra que muestra que la literatura digital también puede comprenderse como un juego. La narrativa es activada por medio de la ejecución de códigos informáticos.

La obra propone diversas puertas de entrada:

Lectura en la web: http://collection.eliterature.org/2/works/chiappe__tierra_de_extraccion.html

Puesta en escena: https://www.youtube.com/watch?v=NdmLui3ELpY

Video de lectura: https://www.youtube.com/watch?v=32aHTzhdjik

La performatividad de la lectura se expresa en que el lector interactúa con los códigos informáticos para desplegar acciones, códigos que a su vez también actúan y generan acción, en un proceso en que ambos se afectan mutuamente y donde el movimiento está siempre presente. Podríamos señalar un eco entre el objeto del enunciado y sus condiciones de recepción: así como el abuso de los recursos naturales sobre los que versa, la obra obliga al lector mismo a ser un “extractor” sobre esta “tierra” que es el texto digital. Para finalizar, dejamos una suerte de provocación para los estudios literarios: estos nuevos objetos, estas nuevas concepciones de literatura, ¿no nos obligan a expandir nuestras competencias críticas hacia territorios no explorados? ¿no debería surgir la figura del crítico-programador que pueda analizar esas interacciones entre lo verbal y lo informático? Se trata, finalmente, de un debate abierto.

Bibliografía citada

Aarseth, E. (2004), “La literatura ergódica”, en D. Sánchez-Mesa (comp.), Literatura y cibercultura, Arco Libros: Madrid.
Blanchot, M. (1992), “La desaparición de la literatura”, en El libro que vendrá, Caracas: Monte Ávila, pp. 219-226.
Chiappe, D. (2007), Tierra de extracción, disponible en: https://www.domenicochia ppe.com/tierra-de-extraccion/
Kozak, C. (ed.) (2015), Tecnopoéticas argentinas. Archivo blando de arte y tecnología, Caja negra: Buenos Aires.
Ludmer, J. (2015), Clases 1985. Algunos problemas de teoría literaria, Paidós: Buenos Aires.
Mendoza, J. J. (2011), El canon digital. La escuela y los libros en la cibercultura, La Crujía: Buenos Aires.
Paixão de Sousa, M. C. (2009), “Conceito material de texto digital: Um ensaio”, Texto digital, V: 2, 159-187.