Estudios europeos recientes han demostrado que las diferencias en las habilidades digitales no alcanzan para explicar los resultados diferentes a que los mismos usos pueden conducir. Helsper (2017) y Van Deursen, Helsper, Eynon y van Dijk (2017), señalan que usuarios con el mismo bagaje sociocultural y económico y las mismas habilidades digitales obtienen provechos y consiguen recursos diferentes (aumentar sus ingresos, mejorar su rendimiento educativo, conseguir trabajo) a partir de los mismos usos de las tecnologías digitales. Por lo tanto, señalan las autoras, es preciso indagar en las percepciones de la tecnología propias de cada sujeto para poder comprender estas diferencias que derivan en un aumento de las desigualdades sociales.

Desde una perspectiva latinoamericana de los estudios culturales, diversos trabajos e investigaciones (Cabrera Paz, 2001; Winocur, 2009; entre muchos otros) han puesto el foco en las representaciones sociales de las tecnologías digitales para comprender los sentidos en que los usos y prácticas constituyen modos diferenciales de apropiación. Esta postura responde a un paradigma comprensivista crítico de abordajes positivistas y tecno-deterministas. Lejos de poder ser situados en una cadena lineal (recursos previos off line - accesos – habilidades – usos – productos y resultados on line – recursos off line obtenidos), los vínculos entre tecnología y desigualdades deben comprenderse en la compleja argamasa de sentidos donde todos esos eslabones se enredan y convergen simultáneamente. Así, desde el sur, planteamos recuperar la perspectiva de los actores como paradigma epistémico y la noción de apropiación como lente teórico para comprender los significados que las tecnologías digitales adquieren en la vida cotidiana. En consecuencia, resulta imposible entender la co-constitución de desigualdades sociales y digitales a partir de una fotografía respecto a una condición estática y transparente (posee-no posee, accede-no accede, sabe-no sabe, aprovecha-no aprovecha). De allí que metodológicamente hayamos optado por la reconstrucción de trayectorias de jóvenes de diferente extracción social y género (residentes en el Gran La Plata) ya que permite conocer cómo se retroalimentan diversas desigualdades en la experiencia de los sujetos.



La trayectoria de apropiación de Ignacio, alumno de una escuela media de la localidad de Berisso, ofrece rica evidencia sobre la imbricación de recursos off line (capitales sociales, educativos), recorridos biográficos y motivaciones familiares, conexiones y desconexiones, variadas estrategias de adquisición de habilidades, usos de tecnologías digitales “inclasificables” y resultados abiertos.

Al momento de realizar las primeras entrevistas, Ignacio tenía diecisiete años. Desde su nacimiento vivía con su madre y su hermana dos años mayor. Si bien sus abuelos habían completado el colegio secundario, su madre debió abandonarlo al quedar embarazada durante su adolescencia. Años más tarde ella se quedó sin trabajo y comenzó a buscar y ocuparse en empleos temporales, situación que la mueve a tomar un sin número de “cursos de capacitación” que le permitan conseguir un ingreso para subsistir. Por ese entonces, Ignacio de cinco años, aprende a jugar videojuegos en una vieja consola Sega y en la casa de un amigo donde “¡había una computadora!”. Luego, su madre logró comprarle a un vecino una antigua PC a un precio económico (“era la única manera de poder comprar una compu para nosotros aunque no se trataba de una máquina muy nueva” dice Ignacio). Con ella, Ignacio continuó jugando e “investigando”, ya que impulsado por su madre siempre fue “muy curioso” con la tecnología. Y así fue aprendiendo: “cuando era chiquito los programas los instalaba yo, que tampoco es tan difícil, pero para ser la primera vez era un logro”. La familia lo incentivaba; fue su madre quien lo anotó en el primero de los dos cursos de reparación de PC que realizó hasta hoy. A los nueve años, Ignacio comenzó a ir a un ciber del barrio para conectarse a Internet y se pasaba todas las tardes hasta los doce años cuando su mamá decidió contratar Internet porque la hermana de Ignacio, que hasta entonces nunca se había mostrado atraída por la computadora, comenzó a involucrarse en “el mundo del chat” para “estar con las amigas”. Ignacio recuerda que vivió este hecho como un cambio profundo. Hoy en día considera que “sin Internet no podés hacer muchas cosas… podés hacer las cosas pero no las podés publicar para que lo vea alguien por ejemplo.” La posibilidad de disponer de una conexión en su hogar significó para Ignacio más horas de estar frente a la computadora jugando. No sólo ya no necesitaba ir al ciber ni alquilar o comprar juegos, sino que los podía bajar o jugar en red. En su adolescencia Ignacio recibió la netbook del PCI y en paralelo comenzó a ser un usuario frecuente de YouTube. Miraba un gran número de videos cotidianamente y a ciertas personas que publican video-blogs regularmente. Él mismo había filmado “un cover de batería” que luego subió a su propio canal de YouTube que felizmente, para el orgullo y divertimento de Ignacio, alcanzó trescientas visitas y reproducciones. Sin embargo, Ignacio se lamentaba que “ahí quedó, no lo vio más nadie”. Cuestión que lo llevaba a reflexionar que “volverse conocido es difícil, si lo subís a Internet no garpa… los youtubers grosos (se refiere a las distintas personas cuyas publicaciones y videos circularon masivamente entre miles de usuarios) tuvieron suerte”. En 2017, al contactarlo para nuevas entrevistas nos enteramos que Ignacio había ingresado a la carrera de Informática en la UNLP. Al parecer, la trayectoria educativa familiar ha recobrado nuevas fuerzas.

La historia de Ignacio permite reflexionar acerca de cómo el abordaje de la apropiación en función de las trayectorias permite comprender mejor el sentido de los usos de las tecnologías digitales e Internet. Si se valorara la experiencia de Ignacio únicamente en función de los usos desarrollados durante su infancia y su adolescencia, estos hubiesen sido clasificados como improductivos. La literatura dominante - y su metodología cuantitativa - hubiese calificado a Ignacio como un “pobre digital”. Sin embargo, su presente como estudiante de Informática permite sospechar que aquellos usos implicaban mucho más que su objetivo evidente. Sin dudas, a lo largo de su vida Ignacio fue desarrollando habilidades, intereses y deseos en torno a la informática que luego contribuyeron a configurar su pasaje de la escuela secundaria a la vida universitaria. En definitiva, solamente abarcando las trayectorias de apropiación pueden comprenderse los vínculos entre tecnología y desigualdades leyéndolos no meramente como una posición/condición estanca en un determinado momento sino como fruto de un conjunto complejo de procesos de acumulación de ventajas y desventajas.

Para concluir podemos afirmar que frente a la correlación de segundas, terceras y cuartas generaciones de tecnologías digitales y de desigualdades, se vuelven necesarias nuevas herramientas conceptuales y metodológicas para dar cuenta de estos procesos. Es decir, nuestros marcos teórico-metodológicos deben adaptarse a las realidades sociales 2.0.

Cabrera Paz, José (2001) “Náufragos y navegantes en territorios hipermediales: experiencias psicosociales y prácticas culturales en la apropiación del Internet en jóvenes escolares”, en Marcelo Bonilla y Gilles Cliche (editores) Internet y Sociedad en América Latina y el Caribe. Quito: FLACSO Ecuador/IDRC.

Helsper, Ellen (2017) “A socio-digital ecology approach to understanding digital inequalities among young people”, Journal of children and media, 11:2, 256-260.

Van Deursen, Alexander J.A.M., Helsper, Ellen, Eynon, Rebecca and van Dijk, Jan A.G.M (2017) “The compoundness and sequentiality of digital inequality”. International Journal of Communication, 11. 452-473.

Winocur, Rosalía (2009). Robinson Crusoe ya tiene celular: la conexión como espacio de control de la incertidumbre. México DF: Siglo XXI.