Doctora en Ciencias de la Comunicación.
Socia fundadora de la Asociación Brasileña de Investigadores y Profesionales de Educomunicación.
Profesora titular del Departamento de Pedagogía y del Programa de Posgrado en Educación de UDSC. Brasil.
Integrante de RIAT.

El aislamiento social provocado por la Pandemia de Covid-19 dejó estudiantes brasileños en casa, reformulando el papel del profesor en la medida en que las escuelas buscan no paralizar las actividades de enseñanza. La mediación familiar pasó a tener relevancia y a hacer diferencia. Muchos padres, entre tanto, están dándose cuenta de la importancia del profesor, para la necesidad de formación específica, en definitiva, que el profesor es un profesional y un compañero en la educación de los hijos.
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Hace tiempo que decimos que la vida debe atravesar los muros de las escuelas y formar parte de las actividades realizadas en los salones de clase. Ahora, podemos afirmar que la escuela desmaterializó sus paredes e ingresó en las salas de estar, modificando relaciones entre estudiantes, padres o responsables y la escuela, tanto docentes como gestores escolares. Hay diversos relatos de padres narrando sus experiencias cuando acompañan a sus hijos desde el placer de la convivencia diaria ininterrumpida, a pesar de las dificultades para realizar sus tareas del trabajo y de la casa. Algunos instalan rutinas de estudio para que no haya ruptura con el ambiente escolar, otros perciben sus limitaciones para hacer la mediación respecto de los contenidos (1).
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Se permitió a las escuelas recurrir a la Educación a Distancia (UNESCO, 2020) para diminuir el impacto que la suspensiòn de las actividades estaba causando en la calidad de la educación escolar. Desde entonces, la enseñanza remota, actividades no presenciales o EaD (Educación a Distancia) son términos que entraron en la cotidianidad de las familias brasileñas, así como en todos los países que enfrentan el mismo problema. Ese conjunto de experiencias que padres, alumnos, profesores e, incluso, autoridades, vivieron, alcanzó una situación existencial profunda, una “situación límite”, como nos enseñó Paulo Freire (1987). No es posible ignorar la cantidad de profesores y otros profesionales de la educación que se reinventaron frente a la necesidad de garantizar el acceso a la educación de sus alumnos. Temas como la mediación pedagógica viabilizada por dispositivos de comunicación, el aprendizaje mediado por tecnologías, se incluyen en las discusiones sobre la escuela pos-pandemia. Además, se torna necesario re pensar profundamente el papel de la educación en la construcción de una sociedad más solidaria, en la cual el dolor del otro importa (Estelles & Fishermann, 2020).
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Crece la idea de la escuela como comunidad de aprendizaje en la medida en que los colegas se apoyan y perciben que la colaboración aumenta el valor de su trabajo y vuelve a la experiencia escolar más interesante y significativa para los alumnos. De alguna forma, las prácticas pedagógicas de esos profesores se vieron afectadas porque los paradigmas que guiaron esas prácticas cambiaron.
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Antes de la Pandemia de Covid-19 era común encontrar en las escuelas el aviso de “Por favor, apague el celular”, ahora, esa orden perdió sentido,porque pasó a ser “Prohibido ir a la escuela, use su celular”. Si en este momento le pedimos a nuestros alumnos que usen el celular para estudiar, ¿cómo vamos a decirles después que este dispositivo no tiene nada que aportar a la vida escolar? Docentes y alumnos movilizaron habilidades y competencias que traerán perspectivas diferentes a una institución que será también diferente, pues lo llamado “nuevo normal” impondrá nuevas dinámicas de circulación, de interacción, de convivencia, de organización espacial, de rutinas, de distribución de contenidos, de contabilización del tiempo de enseñar y aprender. Será, por lo tanto, necesario que el gobierno invierta en infraestructura y que la situación de precariedad tecnológica sea superada, con políticas públicas de valorización de la escuela y de los profesionales de la educación (Souza; & Carvalho, 2018). Eso es necesario si deseamos que la escuela continúe haciendo sentido en un mundo en el que las prácticas ‘online” y prácticas “offline” se tornaron “onlife”.
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Cuando retornen las actividades presenciales de la escuela, es de esperar que las lecciones que aprendimos durante el aislamiento nos lleven a desarrollar prácticas pedagógicas educomunicativas, aquellas que crean ecosistemas educomunicativos (Sartori & Souza, 2012), que se ocupan y se preocupan del entorno mediático de los alumnos, que dialogan con las dinámicas comunicacionales de la sociedad y que conversan com la cultura digital para proporcionar aprendizajes significativos, críticos, creativos y generadores de inteligencia colectiva.
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Un ecosistema educomunicativo es un espacio de acción colectiva en el que procesos educativos y procesos comunicativos forman una misma dinámica. En tanto que proceso comunicacional y educativo, un ecosistema educomunicativo se constituye en un espacio de acción educacional cuya práctica pedagógica busca el diálogo, construido colectivamente, frente a los movimientos de la cultura digital. La Pandemia de Covid-19 puso a la comunidad escolar frente a la necesidad de interactuar por medio de internet y de cualquier utro medio, a través de las más diversas estrategias. Siempre que se buscó mantener el diálogo entre la escuela, los padres, los alumnos y las autoridades en la búsqueda de las mejores soluciones posibles y que se podía concebir, un ecosistema educativo posible o viable, fue construido.
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Las tecnologías disponibles y las habilidades para su uso eficiente y optimizado, en fin, dinámicas sociales y culturales, son movilizadas para que un ecosistema educomunicativo se establezca, se fortifique y viabilice la producción colectiva y significativa. La situación enfrentada por las escuelas puede generar posibles modificaciones en la práctica pedagógica de modo que los docentes sean, cada vez más, profesores educomunicativos.
Notas 1 - Ver a href="https://agenciabrasil.ebc.com.br/educacao/noticia/2020-04/educacao-domiciliar-durante-quarentena-tem-sido-desafio-para-pais" target="new">”https://agenciabrasil.ebc.com.br/educacao/noticia/2020-04/educacao-domiciliar-durante-quarentena-tem-sido-desafio-para-pais” Referencias ESTELLES, M. ; FISCHMAN, G. E. (2020). Imagining a Post COVID-19 Global Citizenship Education. Práxis Educativa. Ponta Grossa, v. 15, e20155 66, p. 1-14. Disponível em: a href="https://www.revistas2.uepg.br/index.php/praxiseducativa" target="new">https://www.revistas2.uepg.br/index.php/praxiseducativa Acesso em 08, jun. 2020. FREIRE, P. (1987). Pedagogia do Oprimido. 11. Ed. São Paulo: Paz e Terra. SOUZA, A. R de ; CARVALHO, J. de Sá. (2018). “Situação-Limite”, “Ato-Limite” E “Inédito Viável”: Categorias Atuais Para Problematizar A “Percepção” a Realidade. Revista e-Curriculum. São Paulo, v.16, n.4, p. 1288-1308 out./dez.2018. SARTORI, A. S. ; SOUZA, K. R. de. Estilos de aprendizagem e a prática pedagógica educomunicativa na educação infantil. Revista de Estilos de Aprendizaje. Lisboa, Vol. 5, n. 10, p 30-37, 2012. UNESCO. (2020). Distance learning strategies in response to COVID-19 school closures (Issue note nº 2.1– April 2020). UNESCO.