Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires.
Magíster en Educación Superior por la Universidad de Palermo.
Investigador. Docente de Literatura.
aolaizola@gmail.com

A pocos días de que se impusiera en Argentina el aislamiento social, preventivo y obligatorio, el aumento de la demanda de contenidos digitales de Netflix, YouTube, Amazon, Disney +, originó que el Ente Nacional de Comunicaciones solicitara a las plataformas de streaming y de alojamiento de videos que redujeran la calidad de transmisión de SD A HD, para garantizar la conectividad de toda la ciudadanía. Era algo bastante previsible: menos de una semana antes, la Unión Europea les había hecho a esas plataformas el mismo pedido.
Sin embargo, lo que decididamente era menos previsible, sobre todo si traemos a colación cierto lugar común que postula que en un contexto atravesado por lo audiovisual “la gente ya no lee”, era que llegara a los grandes medios de comunicación una comunidad virtual de lectores y lectoras -surgida a raíz del confinamiento- que comparte textos literarios digitalizados. Específicamente, la noticia fue que varias/os escritoras/es argentinas/os acusaron al grupo abierto de Facebook Biblioteca Virtual de no respetar su derecho de autor, ya que los miembros del grupo subían sus libros en PDF y eso ocasionaría una reducción en las ventas de libros físicos con sus correspondientes regalías. Resuenan aquí los ecos de otras “polémicas” ligadas a la digitalización de textos, reyertas que suelen originarse, visualizarse y alcanzar los tribunales porque de alguna u otra manera los conglomerados editoriales transnacionales están implicados, por ejemplo, la causa penal impulsada por la triada Cámara Argentina del Libro-Les Éditions de Minuit-Embajada Francesa contra el fallecido profesor Horacio Potel por la digitalización y difusión de textos de Jacques Derrida en el extinto sitio Web Derrida en Castellano (jacquesderrida.com.ar).



Además de la cuestión de las regalías no percibidas, de la necesidad de reformular el esquema actual del derecho de autor en Argentina, lo que este cruce entre tecnología y pandemia también deja entrever son las múltiples trayectorias de lecturas (discordantes, fragmentadas, propias, ajenas, apropiadas, ilegales) que se organizan alrededor de las bibliotecas (digitales).
La naturaleza de las bibliotecas, tanto físicas como virtuales, es, con el tiempo, volverse evanescentes: como indica Juan José Mendoza (2019), el destino de toda biblioteca es fragmentarse, y también transferirse. Cuando un/a usuario/a decide subir a algún tipo de repositorio virtual un libro digital o uno digitalizado, segmenta una parte de su colección privada, de su propia biblioteca, y la comparte con la comunidad: los criterios con los que se había pergeñado ese archivo personal (que conlleva una determinada forma de leer) se desprenden del documento cuando es subido al entorno digital, para ser reemplazados por otros criterios, los de los demás miembros del grupo, los cuales originan múltiples y prácticamente infinitas trayectorias de lecturas (pasadas, presentes o futuras). Los textos digitalizados o digitales subidos a las bibliotecas virtuales se reubican como parte de otro orden, de otro índice, el cual permanece en constante cambio, siempre y cuando la comunidad siga sumando documentos.



Como habíamos mencionado anteriormente en Technos, la escritura y la lectura están enmarcadas en sistemas económicos, que no son necesariamente monetarios o comerciales. Para quienes escriben y leen debe haber algún valor en el acto de producir, distribuir, leer e intercambiar textos. Esta dinámica puede involucrar el intercambio de dinero, pero la motivación puede estar basada en el deseo, la participación, la colaboración o la conectividad emocional. No es un detalle menor que quienes comparten textos en Biblioteca Virtual lo hacen de forma gratuita, por lo tanto, como menciona Sergio Olguín (2020), este intercambio “no difiere del hecho de prestar un libro físico, o de sacarlo de una biblioteca pública”. La escritura y la lectura digitales se basan en un sistema económico diferente al de la imprenta. El capital no reside tanto en la “originalidad” de los textos que se producen o en el “esfuerzo individual” de quienes los producen, sino en la habilidad para representar y hacer circular textos en formas que sean accesibles y útiles a otros/as, y en la habilidad para colaborar con otras personas, para compartir y co-crear significado en espacios sociales (Porter, 2010).
Más allá de la ubicuidad, de la supuesta inmaterialidad de lo digital, de la promesa de una infinidad textual, hay dinámicas que son intrínsecas a las prácticas de lectura, sea en el soporte que sea. María Teresa Andruetto (2020) lo sintetiza de forma clara: “La lectura siempre estuvo asociada al préstamo, al usado, a la biblioteca, a la circulación subterránea, ilegal, secreta. Esa es una parte de las prácticas reales de lectura en nuestro país”. Algunas personas transitan, erran por bibliotecas, por librerías, en una búsqueda, otras lo hacen porque ese mismo trayecto sin rumbo es lo que están buscando; pero también los textos erran de diferentes maneras, se enseñan, se recomiendan, se prestan, se compran, se roban, se regalan, se fotocopian, se digitalizan y se transcriben. En la mayoría de estas trayectorias no hay dinero de por medio, pero en todas hay personas que les confieren valor a los libros: “Cuando alguien lee un libro de cualquier manera, como lo encuentra, como le llega, es porque le interesa” (Andruetto, 2020).
Es tan exiguo el porcentaje que reciben las/os escritoras/es por cada libro vendido que muchos/as reclaman que las ventas no realizadas por las digitalizaciones afectan su economía. ¿Pero la situación se soluciona criticando a lxs lectores que comparten gratuitamente los libros o rediscutiendo el derecho de autor con los conglomerados editoriales, quienes tienen una posición dominante en la industria cultural? Mientras tanto, la lectura, en el soporte que sea, se intensifica, porque propone lo que en este contexto de pandemia se nos niega: la libertad de trazar trayectorias errantes. Referencias bibliográficas Andruetto, María Teresa. (2020, 1 de mayo.) Modesta opinión sobre los Derechos de autor y la pandemia. [Publicación de Facebook]. Recuperado desde ”https://www.facebook.com/mariateresa.andruetto/posts/10223405675478062” Mendoza, Juan José. (2019). Los archivos. Papeles para la nación. Villa María: Eduvim. Olguín, Sergio. (2020, 2 de mayo). Sergio Olguín se suma a la polémica: “Los que están salvando el libro digital son los que los comparten de manera gratuita”. Clarín. Recuperado desde “https://www.clarin.com/cultura/sergio-olguin-suma-polemica-salvando-libro-digital-comparten-manera-gratuita-_0_UfLwr9tog.html?utm_term=Autofeed&utm_medium=Social&utm_source=Facebook&fbclid=IwAR1iN0x9b_3UELR9b8aY2PNbsLylHiqp8wuf88_fysjpFn0DuLAMCBrln_g#Echobox=1588435054” Porter, James E. (2010). Rhetoric in (as) a digital economy. En Stuart A. Selber. (Ed.). Rhetorics and technologies: New directions in writing and communication (pp. 173-197). Columbia, SC: University of South Carolina Press.