La propagación del COVID-19 en América Latina ha confinado a la mayor parte de la población desde fines del mes de febrero. Si bien hay diferencias relativas al tipo de aislamiento o distanciamiento social que cada país optó por implementar, la imposibilidad de circular libremente por las calles ha sido el denominador común de las políticas llevadas a cabo en gran parte de los Estados latinoamericanos, salvo contadas excepciones (Brasil, por ejemplo).
En Argentina, si bien aún no disponemos de los datos finales sobre el impacto económico que la cuarentena está produciendo, sí hemos podido observar cómo el nuevo contexto de aislamiento ha obligado a transformar diversas actividades productivas para que continúen funcionando. Así, muchos sectores de la economía han adaptado parte de sus procesos a la virtualidad, requiriendo de las tecnologías digitales para lograrlo. Aumentaron las operaciones digitales en los bancos; la educación es en su totalidad a distancia; las compras del supermercado son online; la ropa se compra por internet y sin probarse, y las aplicaciones de envíos se convirtieron en una actividad esencial para una parte significativa de la población (aumentando 4 veces su uso desde el inicio de la cuarentena en Argentina, según la consultora Focus Market).
Encontrémonos en la distancia: la virtualidad como única opción
Sin embargo, la economía no es el único ámbito que se está viendo afectado bajo este contexto. Las relaciones interpersonales también han sufrido el confinamiento y se han visto reformuladas con el fin de sostener una necesidad humana básica: vincularnos con los demás. Pero nos referimos a vínculos que históricamente han requerido de la cercanía y del contacto físico para construirse y sostenerse a lo largo del tiempo. Los encuentros presenciales han perdido terreno en este contexto, y el espacio virtual ha comenzado acaparar aquellas reuniones que suelen realizarse personalmente: celebraciones de cumpleaños, eventos religiosos, conciertos, encuentros familiares o con amigos y amigas, fiestas, reuniones de estudio… la cuenta podría ser interminable.


“La tecnología se ha convertido en un elemento crucial para poder sostener los lazos que, de otro modo, se hubiesen visto distendidos producto del aislamiento”

En esta dirección, es que la tecnología se ha convertido en un elemento crucial para poder sostener los lazos que, de otro modo, se hubiesen visto distendidos producto del aislamiento. Somos conscientes que los dispositivos digitales no se comenzaron a utilizar para estos fines desde que se inició la cuarentena, pero su uso sí han crecido significativamente dado que, en muchos casos, se convierte en la única manera de estar con el otro a la distancia. Así, aplicaciones digitales como Zoom, Google Meet o Jistsi permiten reuniones de hasta 250 personas -dependiendo el caso- y se han convertido en plataformas populares para la realización de encuentros virtuales de todo tipo. Incluso, el contexto llevó a que algunas aplicaciones hayan liberado su alternativa de pago temporalmente para utilizarla sin restricciones, o que desarrollen modificaciones técnicas para ampliar la cantidad de participantes que pueden intervenir en una videollamada, como Whatsapp, que pasó de 4 a 8 usuarios -pero aun no se puede compartir la pantalla del móvil con ellos-.
Sin lugar a dudas, las formas de relacionarnos han comenzado a cambiar desde que las tecnologías digitales se extendieron entre la población, pero la propagación del Coronavirus ha intensificado su uso con el objetivo de reforzar los vínculos que habitualmente se daban en el plano presencial. Esto no quiere decir que se trate de un traslado a la virtualidad de los encuentros presenciales, sino de una adaptación de los encuentros presenciales a la virtualidad.
No es lo mismo realizar una videollamada para saludar a un ser querido por su cumpleaños que organizar una sesión de Zoom para celebrarlo. Aquí, las disposiciones y las prácticas de las personas son notablemente distintas: no organizamos los tiempos del mismo modo para asistir a un sitio que para conectarnos desde el móvil; las preocupaciones estéticas adquieren otra relevancia -incluso pudiendo no habilitar la cámara para que nos vean-; la calidad de nuestra conexión a Internet aumenta su importancia, al igual que la batería de nuestros dispositivos. Y estas cuestiones se pueden trasladar a cualquier otro tipo encuentro virtual. Del mismo modo, el aprendizaje y desarrollo de competencias técnicas específicas para hacer uso de estas tecnologías, han requerido la inversión de mayor o menor tiempo dependiendo de los conocimientos previos de los usuarios.
¿Una “nueva normalidad” o una tendencia en tiempos de cuarentena?
El contexto impuesto por la pandemia ha convertido a los encuentros virtuales con nuestros allegados como parte de una “nueva normalidad” o, mejor dicho, de una normalidad circunstancial. En tanto las distintas modalidades de aislamiento o distanciamiento social continúen, la alternativa de cercanía y acompañamiento a través de encuentros virtuales se potencia y se sostiene. Pero… ¿cuánto de esto quedará pos pandemia? Si bien se ha convertido en una opción que evita la aglomeración de personas, los encuentros presenciales, los contactos físicos y estrechos, han formado parte de nuestra cultura desde sus orígenes y erradicarlos es imposible.


"Los encuentros presenciales, los contactos físicos y estrechos, han formado parte de nuestra cultura desde sus orígenes y erradicarlos es imposible".

Finalizados los períodos de confinamiento, y hasta que surja una vacuna que prevenga el virus, los encuentros cara a cara adquirirán otras características donde la distancia continuará siendo un vector determinante de la copresencia física. Teatros y cines, discotecas, bares y restaurantes, salones de fiestas, entre otros innumerables ámbitos de reunión y aglomeración de gente, han debido redactar sus respectivos protocolos para poder funcionar mitigando las posibilidades de contagio y, en todos los casos, el elemento común es la distancia entre las personas. Es decir, podremos encontrarnos en situaciones de copresencia, pero la cercanía y el contacto físico tal como los conocemos no serán lo mismo.
A su vez, los conocimientos adquiridos en el uso de los dispositivos digitales para poder gestionar y administrar encuentros en la virtualidad, conformarán una capacidad instalada que mantendrán viva la alternativa virtual ante las dificultades de cercanía o contacto, volviéndose una opción privilegiada para participar en reuniones. Sin embargo, no debemos olvidar que estamos hablando de un determinado grupo de la población que poseen tecnologías digitales y saberes técnicos que les permiten operarlas, pero que también se encuentran en situación de cuarentena muchas personas que no disponen de las mismas condiciones y que la posibilidad de mantenerse en cercanía (virtual) a pesar de las distancias físicas es mucho más difícil de lograr. Sostener que los encuentros virtuales, tal y como los venimos observando durante el confinamiento, dan cuenta de una nueva tendencia en el uso de las tecnologías sería apresurado de afirmar, dado que no podemos analizar qué elementos se mantendrán una vez que este período termino. Por el momento, sólo podemos pensar que tarde o temprano nos volveremos a encontrar con nuestros allegados y seres queridos bajo nuevas condiciones de relacionamiento, para estar más cerca… pero no tanto.