LUCILA DUGHERA
Investigadora Asistente del CONICET.
Doctora en Ciencias Sociales (FLACSO), Magíster en Ciencia, Tecnología y Sociedad (UNQ), Licenciada en Sociología (UBA) y Profesora para la Enseñanza Primaria (Normal Nº1).

FERNANDO BORDIGNON
es profesor asociado ordinario del Departamento de Tecnología en la Universidad Pedagógica Nacional (UNIPE). Participa en el Observatorio Interuniversitario de Sociedad, Tecnología y Educación.

La situación actual de aislamiento, debido a la pandemia COVID-19, ha demandado un gran esfuerzo por parte de todos los actores educativos, especialmente docentes y estudiantes, en función de sostener y dar continuidad al encuentro pedagógico. En este contexto, nos interesa hacer foco en algunas de las características de las formas de “hacer” escuela hoy, específicamente en las herramientas de mediación denominadas de manera genérica plataformas. No desconocemos, por supuesto, que todavía lamentablemente un porcentaje significativo de la población no forma parte (o lo hace muy lateralmente), ni convive con esas formas de lo escolar. Más aún, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) estimó, en mayo de este año, que a nivel mundial cerca de la mitad de los estudiantes que no pudieron asistir a la escuela (826 millones) no disponen de tecnologías digitales, como, pc, notebook, celulares, para estudiar en sus hogares. De estos, 706 millones no tienen acceso a Internet en dichos espacios. En efecto, se identifican una serie de limitaciones estructurales (en particular derivadas de falta de inversión y de políticas públicas acordes) que repusieron antiguas discusiones acerca de las brechas de acceso y tenencia a una infraestructura básica para el ejercicio de la ciudadanía en el capitalismo informacional, y en especial para su formación.


En este escenario, el uso de plataformas para la mediación pedagógica cobró un lugar altamente significativo. Tanto maestros y profesores, como algunas instituciones apelaron a una amplia gama de opciones en relación a dichos servicios en línea. Desde herramientas clásicas de gestión de aulas virtuales (Moodle, Google Classroom, Edmodo), o nuevas opciones para eventos de videoconferencia (Zoom, Jitsi, Google Meet), pasando por plataformas centradas en actividades didácticas (Padlet, Storyline, Kahoot) hasta, las menos utilizadas, plataformas para gestionar espacios de trabajo colaborativo (Discord, Slack, MS Teams) (Artopoulos, 2020). A partir de esta opciones, en un estudio del (Observatorio Interuniversitario de Sociedad, Tecnología y Educación hemos podido observar que los docentes e instituciones, que dispusieron de medios y tuvieron la posibilidad de explorar, entre otras cuestiones, ofrecieron un mix de recursos digitales a sus estudiantes. Es decir, las soluciones aplicadas a ensayar esas formas otras de "hacer" escuela y sobre todo de sostener y dar continuidad al encuentro pedagógico, compusieron una suerte de ecosistema de plataformas.

Específicamente ¿cuántos maestros y profesores, en nuestro país, pudieron trabajar de la forma descrita? Desde el Ministerio de Educación ( encuesta nacional representativa a docentes de los distintos niveles obligatorios) identificaron, al consultarles sobre los medios de comunicación usados en y para la continuidad pedagógica, que más de un tercio de los docentes recurrió al uso de plataformas. Principalmente, aquellas orientadas a la gestión de aulas virtuales y a la organización de eventos de videoconferencia. Allí, un punto a considerar reside en las significativas disparidades que se hallaron en relación a la intensidad de uso de dichos servicios en línea entre los actores educativos e instituciones de gestión estatal y privada. Sin embargo, hay observaciones iniciales que sugieren que las actividades pedagógicas propuestas, junto con la utilización de estas herramientas, no presentan variaciones entre los modos de gestión mencionados.

Esta escena resulta contraintuitiva a lo que en estos meses parecería ser un valor, la cantidad de encuentros pedagógicos y tareas, las horas frente a las pantallas, la disponibilidad de presentaciones o documentos digitalizados, entre otras. Si bien entendemos que este es un aspecto a sistematizar, a los fines de ensayar alternativas pedagógicas superadoras y sustentables, consideramos necesario, además de analizar las diversas propuestas, caracterizar los diseños de las plataformas utilizadas, especialmente aquellas que han cobrado una alta visibilidad durante la pandemia. Dado que muchas de estas no tienen como finalidad principal la educación, priorizando otros aspectos que tensionan los procesos de enseñanza y aprendizaje, por ejemplo, los modelos de negocios, la opacidad de los algoritmos, la datificación de los usuarios, entre los principales. Precisar dichos diseños es importante ya que cada uno de los ecosistemas supone, por un lado, una concepción del encuentro pedagógico, o de la situación educativa (Freire, 2003) y, por otro, en el mismo movimiento, hacia la construcción de ciertos tipos de subjetividad.

En este sentido, entendemos que las prácticas que se están desarrollando a través de las plataformas conforman experiencias acumuladas en millones de horas de actividades de enseñanza y de aprendizaje. Así, desde diferentes ámbitos podríamos construir un corpus significativo de evidencias empíricas en relación a esas formas otras de “hacer” escuela. Por ejemplo, en nuestro espacio de investigación, a partir de la encuesta señalada más arriba, observamos en algunos docentes la necesidad de contar con espacios colaborativos (sincrónicos/asincrónicos) que permitan recrear la interacción grupal que se da en torno a “bancos de trabajo” simultáneos. Frente a esta limitación, identificamos un grupo que está tratando de superar esta situación a partir de la búsqueda de nuevas herramientas. En dicha exploración, algunos consultaron a sus estudiantes y recuperaron sus saberes en el tema. Para dar continuidad pedagógica adoptaron plataformas de trabajo colaborativo, poco frecuentes, hasta el momento, en la educación formal. En particular, una llamada Discord, que originalmente ha sido utilizada por jóvenes “gamers” para organizar sus acciones en juegos sociales y congregarse.

En estas líneas, hemos apuntado que no existe una única solución (léase plataforma educativa) que se esté utilizando de manera hegemónica para sostener y dar continuidad pedagógica. Se nos impone, por un lado, caracterizar aquellas plataformas con las que se está trabajando, a los efectos de arrojar claridad sobre la opacidad de sus modelos. Por otro, identificar aquellos diseños que son más proclives a prácticas pedagógicas potentes. En suma, revisitar estas formas otras de “hacer” escuela podría arrojar luz al proceso de plataformización pedagógico al que asistimos.

Bibliografía Artopoulos, A. (2020) ¿Oportunidad? Sobre la negación de la aceleración. Conversatorio “De la emergencia a la oportunidad. Pandemia, educación y plataformas”, Equipo de estudios sobre Tecnologías, Capitalismo y Sociedad (e-TCS). 28/10/2020. Freire, P. (2003). Elementos de la situación educativa. El grito manso, 31-48. Fotos: https://images.freeimages.com/images/small-previews/de4/open-door-1202467.jpg