Doctor en Ciencias Sociales.
Becario posdoctoral del CONICET e investigador en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA.

Hace tiempo que prolifera un discurso en los medios de comunicación, organizaciones empresariales, ONGs, cámaras industriales, organismos internacionales, entre otros ámbitos de circulación de ideas; que pretenden asimilar el emprendedorismo con la meritocracia. Este relato se reproduce con mucha fuerza dentro de los sectores productivos asociados al desarrollo de tecnologías digitales, aunque se extiende a otras actividades económicas también. El razonamiento es el siguiente: el agente de cambio y promotor del desarrollo tecnológico es el sujeto emprendedor, cuyo mérito individual le ha permitido impulsar un proyecto productivo innovador que se debe impulsar sin trabas burocráticas ni impositivas en pos del crecimiento económico del conjunto ¿Este razonamiento tiene asidero en la realidad?

Al analizar las interacciones entre el sector público y privado en el área del software y servicios informáticos (SSI) en distintas ciudades del país, se identificó la presencia de un actor específico dentro del entramado productivo informacional. Se trata de jóvenes, estudiantes de carreras de ingeniería en informática o sistemas u algún otra área afín a la actividad que eligen fundar y desarrollar sus propios proyectos antes que trabajar para alguna empresa del sector, ya sea nacional o multinacional, grande o chica. En muchos casos, escogen prescindir de buenos sueldos en pos de poner en marcha SU propio proyecto. A este grupo se lo puede denominar: emprendedor informacional. Por lo tanto, el emprendedorismo efectivamente existe en este rubro, tal vez con mayor regularidad que en otros sectores de la economía.

¿Qué características tiene el emprendedor informacional? En primer lugar, se trata de jóvenes estudiantes o egresados de carreras afines al sector SSI que han transitado mayoritariamente la universidad pública. En segundo lugar, muchos de ellos participaron de laboratorios o institutos de investigación de esas universidades, lo que les permitió ir adquiriendo determinados conocimientos y destrezas técnicas más allá de la teoría que se aprende en las universidades. Luego, en algunos casos, estos jóvenes tuvieron algún tipo de experiencia laboral en empresas del sector lo que les permitió entrar en contacto con determinadas nociones de manejo gerencial. Por último, algunos participaron de iniciativas estatales-a nivel nacional, provincial, y/o local- de promoción del emprendedorismo. Léase, adquirieron fondos para comenzar sus emprendimientos de programas o iniciativas estatales específicas.

¿Ser emprendedor es una cuestión de mérito individual? ¿El emprendedorismo motoriza la innovación? Si uno revisa la experiencia concreta, se da cuenta que sin el apoyo del Estado a través del financiamiento a las universidades y/o centros de investigación, o mismo a partir de iniciativas puntuales de promoción del emprendedorismo como fondos semillas o créditos blandos para este tipo de proyectos, el emprendedorismo informacional difícilmente se podría desenvolver con éxito. Por lo tanto, no se trata únicamente del mérito individual, ni siquiera del espíritu aventurero de arriesgar todo en pos de un proyecto personal, sino de capacidades organizaciones y técnicas construidas a partir de políticas públicas específicas.

Por otro lado, no pareciera que el emprendedorismo informacional motorice necesariamente la innovación tecnológica en este sector. La mayoría de los proyectos impulsados se asocian a actividades de diseño web, publicidad, servicio técnico, u otras actividades de venta de horas-hombre de programación. El sueño de construir una empresa que participe activamente del ecosistema digital y que opere en Silicón Valley, constituye la excepción de la excepción sobre la cual se construye el mito de la meritocracia emprendedora. De más esta decir que muchos proyectos se crean y desaparecen en un lapso muy corto de tiempo. La innovación constituye un proceso colectivo, interactivo y social bastante más complejo, difícilmente se pueda reducir al mérito individual del agente emprendedor.

¿Qué políticas promueven o facilitan el emprendedorismo? En primer lugar, la formación de capital humano que constituye la materia prima principal del sector SSI. El vínculo entre el emprendedorismo informacional y las universidades públicas nacionales, radicadas en distintas ciudades del país, resulta determinante. Por otro lado, la Ley de Promoción de la Industria del Software o la nueva Ley de Economía del Conocimiento constituyen herramientas útiles para estimular el surgimiento y consolidación de microemprendimientos al conceder facilidades impositivas. Por último, instrumentos como fondos semilla, créditos blandos o iniciativas como la creación de espacios de innovación abierta, constituyen también instrumentos efectivos a la hora de incentivar el emprendedorismo. Como verán, son las políticas públicas antes que el mérito individual de los emprendedores lo que marca la diferencia. Un emprendedor, con una idea disruptiva, pero sin acceso a financiamiento, sin un marco normativo que lo contenga, ni conocimientos para llevar adelante su proyecto, sólo puede triunfar si logra vender su idea a un pez más gordo. Pero difícilmente, muchos emprendedores con muchas buenas ideas, logren lo mismo.

Fuente: Vitort, 2014

¿Cambio algo a partir del avance de la economía de plataformas? El avance de la economía de plataformas generó transformaciones en el emprendedorismo informacional. El anhelo de crear un emprendimiento que pueda participar del ecosistema de plataformas digitales se tornó hegemónico. Lejos de pensar en emprendimientos asociados al mercado interno con una vocación de agregar valor a la producción nacional, o poner en práctica ideas innovadoras, muchos proyectos están dirigidos fundamentalmente a crear plataformas que puedan ser ofrecidas a aquellos que son capaces de transformarlas en un negocio rentable. Este tipo de procesos de emprendedorismo de mercado obstaculizan la posibilidad de motorizar microemprendimientos y proyectos que logren asociar la innovación con el desarrollo de los territorios y comunidades.

Fuente: EmprenTEC

El emprendedorismo en el sector SSI es hijo de las políticas públicas de innovación socio-tecnológica, antes que el mérito individual del sujeto emprendedor. De la misma forma que la innovación tecnológica es hija de instrumentos específicos de política pública implementados a lo largo del tiempo y no sólo y únicamente como resultante de mentes brillantes como las de Steve Jobs, Mark Zukerberg, o cualquier otro empresario exitoso de Silicón Valley. No hay Internet, smartphones, microprocesadores, pantalla táctil, sistema SIRI, entre otros componentes tecnológicos, sin DARPA, CERN, y otras agencias de investigación estatales. Si se quiere motorizar la innovación, es más honesto y productivo demandar un rol del Estado activo y protagónico, antes que pregonar una meritocracia individualista e inverosímil.