Doctor en Ciencias Sociales (UBA).
Becario posdoctoral del CONICET. Miembro del Programa de Investigaciones sobre la Sociedad de la Información, Instituto de Investigaciones Gino Germani, Facultad de Ciencias Sociales (UBA)

Apuntes sobre una nueva oleada informacional
En los últimos años, proliferaron múltiples conceptos que intentaron entender, explicar, y también -por qué no- legitimar, profundos procesos de cambio socio-tecnológico que se encuentran en marcha desde hace más de una década. El repertorio es amplio, pero se destacan las ideas de la cuarta revolución industrial, la industria 4.0 y el capitalismo de plataformas, entre otras variantes.

Más allá de sus diferencias y similitudes, es evidente que la irrupción de las tecnologías 4.0 (inteligencia artificial, internet de las cosas, big data, computación en la nube, robots autónomos, entre otras) así como de las infraestructuras que les posibilitan operar de forma integrada (como las plataformas digitales y los sistemas ciberfísicos) (Gráfico 1); favorecen el despliegue de procesos que operan en diversas esferas de la vida humana.

A partir de una integración creciente entre el mundo físico, biológico y digital, corroboramos que el trabajo, la producción, el consumo, la educación, la cultura, los servicios públicos, la movilidad, el ocio, la participación política, el acceso a la información, entre muchos otros ejemplos, empiezan a verse tensionados, interpelados y redefinidos por los procesos anteriormente mencionados.

Gráfico 1: Tecnologías 4.0: algunos ejemplos

Fuente: elaboración propia en base a Basco et al (2018)

A simple vista, parecería que nos referimos a cuestiones esencialmente técnicas. Sin embargo, como señala Castells en La era de la información (1999), el cambio tecnológico refleja “un estado determinado del conocimiento, un entorno institucional e industrial particular, una cierta disponibilidad de aptitudes para definir un problema técnico y resolverlo, una mentalidad económica para hacer que esa aplicación sea rentable, y una red de productores y usuarios que puedan comunicar sus experiencias de forma acumulativa”. En otras palabras, no es posible comprender el cambio tecnológico escindido de la sociedad en la que se inscribe.

La actual etapa capitalista, en la que se verifican tendencias asociadas a la digitalización, automatización y plataformización de la producción, encuentra sus orígenes en el último cuarto del siglo XX, cuando se produjo la revolución de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC). Fue en ese momento, con la invención de los microprocesadores, el desarrollo de las computadoras personales y los avances en las telecomunicaciones; cuando la Información Digital (ID) se ubicó en el centro de la escena y comenzó a adquirir preponderancia para la valorización del capital.

El uso intensivo de ID se volvió clave para incrementar la productividad, y se constituyó no sólo en un insumo fundamental para un creciente número de actividades, sino también en un producto altamente valorizado. En consecuencia, la ID logró impactar transversalmente sobre los diferentes sectores de la economía.
En este marco, las actividades intensivas en información y conocimiento comenzaron a ser fundamentales para el desarrollo socio-económico de los países, regiones y ciudades. Tal es así, que los países más avanzados en el desarrollo de bienes y servicios asociados a las tecnologías 4.0, vienen realizando esfuerzos considerables para fortalecer sus capacidades tecnológicas e innovativas.

¿Qué pasa en Argentina? De dónde venimos y hacia dónde vamos
Al observar las trayectorias de uno de los sectores emblemáticos de la sociedad informacional, como el software y los servicios informáticos (SSI), se verifica que desde los primeros años del siglo XXI, Argentina registra un crecimiento significativo en cuanto a la cantidad de empresas y trabajadores (Gráfico 2). Contar con un tipo de cambio competitivo para exportar servicios informáticos y favorecer la localización de empresas extranjeras, haber instrumentado un Régimen de Promoción de la Industria del Software orientado a brindar beneficios fiscales a empresas, contar con recursos humanos formados en universidades públicas y con un elevado nivel de inglés, entre otros factores, le permitió desarrollar un entramado sectorial robusto, integrado por grandes empresas que compiten globalmente y una mayoría de PyMES capaces de generar empleo formal y atraer divisas a la economía. Esta característica es extensiva al resto de los servicios basados en conocimiento, que en 2019 se ubicaron como el tercer complejo exportador del país (9%), luego del cerealero y oleaginoso (37%), y automotriz (10%).

Gráfico 2: Empresas activas (derecha) y empleados (izquierda) del sector SSI (2000-2018)
Fuente: elaboración propia en base a datos del OEDE-MTEySS

Probablemente, entre los múltiples desafíos que rodean al SSI, se encuentre avanzar hacia una mayor vinculación con los entramados productivos locales -actualmente son muy bajas las ventas a la agroindustria e industria manufacturera, como se desprende de este informe- y una mayor complejización de las actividades desarrolladas en detrimento de la prestación de servicios estandarizados. Dado el atractivo que rodea a los sectores intensivos en conocimiento (generación de empleo y de divisas) y los desafíos impuestos por las últimas tendencias tecnológicas (digitalización, automatización y plataformización de la producción), el desarrollo de estímulos para promover este tipo de actividades comenzó a ganar terreno en las agendas de gobierno. La Ley de la Economía del Conocimiento (EC), y el surgimiento de iniciativas del Ministerio de Desarrollo Productivo orientadas a financiar proyectos colaborativos de la EC, proporcionar aportes no reembolsables para realizar mejoras en la producción , implementar procesos de transformación digital en MIPyME, o capacitar en aspectos vinculados con la EC a nivel municipal , son algunos ejemplos, todavía incipientes, cuyos resultados deberán ser evaluados a futuro.

¿Pueden las ciudades desempeñar un rol activo en la nueva oleada informacional? Cuando analizamos los debates en torno a las iniciativas para promover sectores intensivos en conocimiento, vemos que existe una relativa ausencia de los roles que pueden desempeñar los actores sub-nacionales, en general, y locales, en particular.

Si consideramos que la posibilidad de afrontar los desafíos que impone esta nueva etapa requiere mucho más que controlar la situación macro-económica o proporcionar beneficios fiscales para las empresas, sino que se precisa, además, lograr que los entramados productivos adopten tecnologías 4.0, y los actores asociados a la producción de bienes y servicios intensivos en conocimiento realicen actividades de mayor valor agregado; debemos amplificar la mirada sobre el conjunto de capacidades existentes en el país.

En este esquema, las especificidades de cada territorio, como su perfil productivo, capacidades tecnológicas, entramado institucional, además de la disponibilidad de infraestructura tecnológica y capital humano, son aspectos a considerar.
La experiencia de las ciudades argentinas en la promoción del SSI muestra que más allá de los incentivos nacionales, muchas de ellas lograron cierto éxito en desarrollar al sector y articular proyectos asociativos. Más allá de lo heterogéneo de sus trayectorias y los enormes desafíos que perduran, los casos de Rosario, Córdoba, Tandil o Bahía Blanca, son algunos ejemplos que se destacan.

Frente a las nuevas tendencias de la sociedad informacional que tensionan sobre las posibilidades de desarrollo de los países, regiones y ciudades, se torna imprescindible diseñar respuestas integrales y multinivel. Proponemos algunas coordenadas para comenzar a trabajar desde el plano local:
- Desarrollar una actitud proactiva en torno al cambio tecnológico: pasar de políticas fiscalistas a políticas orientadas al fortalecimiento de los sistemas locales de innovación.
- Diseñar estrategias acordes a los territorios, considerando las complejidades globales y las potencialidades locales.
- Desarrollar capacidades de gobernanza para articular actores con recursos, capacidades y racionalidades diversas.
- Instrumentar acciones en el corto plazo: formación de capital humano, fortalecimiento de polos tecnológicos y clusters, generación de mecanismos de transferencia, tracción de la demanda mediante el sector público, articulación con actores multinivel.
- Expandir la agenda de la innovación hacia cooperativas de software, asociaciones de trabajadores y actores que trabajan con tecnologías abiertas.