Sociólogo
Diplomado Superior en Gobernanza de Internet (UDESA-UFRGS). Becario doctoral del CONICET. Docente en UBA y UNPAZ. Integrante del Equipo Sociedad Internet y Cultura del IIGG y de la RIAT

Siguiendo a Foucault (2007), a mediados del siglo XIX se fue evidenciando una serie de mutaciones pasando del encierro disciplinario a una gestión de la vida caracterizada por fomentar la circulación, ordenándola en base a las curvas de normalidad de datos estadísticos elaborados por el Estado. Asimismo, se entronizaban los saberes expertos de la biología, la medicina y la economía política de forma tal de generar umbrales válidos, permitidos, incorrectos o prohibidos para la administración de la vida. Sin embargo, desde finales de la Segunda Guerra Mundial y especialmente tras las profundas mutaciones de la década de 1970 signadas por la penetración exponencial de las tecnologías digitales, esta lógica volvería a cambiar paulatinamente.

La masificación de las tecnologías digitales permitió desplegar sofisticados mecanismos de identificación, recolección y almacenamiento de datos tanto personales como fruto de la acción y relación que los sujetos realizaban en sus prácticas online y offline, lo cual permitió actualizar constantemente y en tiempo real las estadísticas de la población, delegando cada vez más esta labor a los actores privados en detrimento del Estado. Esta lógica se masificó a tal punto que las diversas cifras extraídas de los individuos pasaron a volverse contraseñas (Deleuze, 1991) en sentido de favorecer, habilitar, obstaculizar o impedir diversas posibilidades de acción en vínculo con los nuevos saberes expertos que se iban instalando: la economía neoliberal y la cibernética. La llegada del smartphone inauguraría una nueva etapa: la del acompañamiento algorítmico (Sadin, 2017). De este modo, esos datos almacenados empezaron a tomar una forma muy particular: la de perfiles algorítmicos generales que se sienten como individuales, pasando a ser aplicados a los individuos y por tanto modulando y conduciendo sus diversas prácticas, informaciones y consumos de acuerdo a las contraseñas cambiantes supuestamente “más adecuadas” dado que fueron elaboradas de cifras “objetivas” que el individuo brindó directa o indirectamente. A esta forma de gestión de la población se la conoce como gubernamentalidad algorítmica (Rouvroy y Berns, 2015).

Ahora bien, el despliegue de la pandemia fruto de la irrupción del COVID-19 en todo el globo viene a presentar algunas tendencias de mutación. Ante la amenaza de un incremento desmedido de contagios y saturación de los sistemas sanitarios, los Estados desplegaron diversas medidas de gestión de la población apuntando principalmente a la restricción y control sistemático de la circulación pasando a adquirir preponderancia la epidemiología como saber experto antes poco contemplado. Así, se pasó a dividir a la población en dos: aquellos autorizados a seguir en circulación al ser vistos como esenciales por sus tareas y el resto, los cuales debieron adoptar un fuerte confinamiento en sus hogares.

Desde el inicio, estas medidas se vincularon íntimamente con las tecnologías digitales. En primer lugar, la necesidad de obtener estadísticas actualizadas constantemente pasó a ser primordial tanto para poder desplegar distintas acciones de administración de la población como para ir evaluando medidas de flexibilización. Por tanto se desplegaron diversas prácticas de recolección y procesamiento de datos, lo cual se realizó de manera mixta entre iniciativas estatales y privadas para incrementar la fiabilidad de la información . En segundo lugar, las tecnologías digitales han devenido como fundamentales tanto para poder administrar la circulación de aquellos autorizados (por medio de la aplicación CuidAR, geolocalización, dispositivos de medición de temperatura, cámaras y sensores en el espacio público) como también para sostener los diversos espacios de sociabilidad, trabajo, educación y ocio de los recluidos. Esto trajo como efecto un fuerte incremento tanto del uso de Internet (un 35% en LATAM) como de las ya previamente hegemónicas plataformas algorítmicas, las cuales pasaron a volverse cuasi esenciales y experimentaron un intenso crecimiento de actividad y tiempo de permanencia de los usuarios y por tanto un mayor caudal de datos para perfeccionar los perfiles algorítmicos.

De este modo, se perfila una gubernamentalidad algorítmica pandémica, coyuntural, con mayor incidencia del Estado y donde las plataformas algorítmicas también debieron adaptar la lógica de modulación de acciones, cuerpos y subjetividades a una nueva situación donde esta ya no se ejerce principalmente al aire libre (Deleuze, 1991) sino en un formato mixto entre circulación fuertemente protocolizada y el confinamiento. Esto también generó un aumento del consumo de información, bienes y servicios digitales, del ecommerce y de las plataformas austeras de delivery pero también un incremento de la circulación de fake news y de ciertas lógicas de polarización frente a temas de agenda pública a la vez que evidenció el “retorno” de viejas problemáticas nunca saldadas, como las que respecta a las brechas e inclusión digital.

Cabe destacar que estas medidas de gestión de la población también trajeron cambios en la vida cotidiana al volver a tomar fuerte importancia los muros pero ya no los de las instituciones disciplinarias sino los muros del hogar, muros no preparados ni diseñados de antemano para una larga permanencia y convivencia conjunta. De esta manera, se habilitaron o intensificaron diversas disputas por la gestión de los espacios, tiempos, dispositivos digitales disponibles y momentos de uso dentro del hogar como también diversas modificaciones de las prácticas de extimidad (Sibilia, 2008) haciendo que cada vez más el producirse a uno mismo para compartir con otros sea, cuasi obligadamente, junto a otros y en un espacio reducido. Asimismo todo aquel integrante ajeno al hogar, por más cercano que este sea, pasó a ser visto como un Otro desplegándose toda una serie de diversos protocolos para cada interrelación e intercambio. Sin embargo, también se ha podido elucidar una serie de nuevas prácticas como las fiestas, juegos, recitales, comidas, etc. por plataformas de videollamadas o una intensificación del trabajo colaborativo online a niveles nunca vistos. Si bien esto no reemplaza la interacción cara a cara muestra otra forma de estar juntos, ni mejor ni peor sino distinta.

Haciendo un ejercicio de futurología, el panorama parecería encaminarse a una situación mixta entre la pre-pandemia y el durante-pandemia, en sentido del despliegue de espacios mixtos entre la presencialidad y la virtualidad adaptándose a la nueva situación las medidas de gestión poblacional y de circulación pero también los individuos, colectivos y objetos técnicos digitales. Será cuestión de tiempo ver si la gubernamentalidad algorítmica pandémica con su particular puesta en juego de las tecnologías digitales fue solo una modalidad coyuntural o si varios de sus elementos llegaron para quedarse.

Referencias Deleuze, G. (1999). “Posdata a las sociedades de control”, en Conversaciones 1972-1990. pp. 277-285. Valencia: Pre-textos. Foucault, M. (2007). El Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France, Buenos Aires: FCE. Rouvroy, A. y Berns, T. (2015). “Governamentalidade algorítmica e perspectivas de emancipação: o díspar como condição de individuação pela relação?”, en revista ECOPOS, vol. 18, Nº2, “Tecnopolíticas e Vigilancia”, pp. 36-56. Sadin, E. (2017). La Humanidad Aumentada: la administración digital del mundo. Buenos Aires: Caja Negra editora Sibilia, P. (2008). La intimidad como espectáculo. Buenos Aires: FCE. IMÁGENES Wikidot (The Impacts of IT - Bootstrap Playground (wikidot.com))