Pocos días después de su llegada a Buenos Aires, entrevistamos a Alejandro Piscitelli. Hace años que Piscitelli es un referente a nivel nacional e internacional sobre temas relacionados con las transformaciones del ecosistema tecnológico y sus implicancias. Últimamente se dedica, entre otras cosas, a problemas del re-diseño organizacional que impone "el tsunami de la tecnología". Cuando comenta su situación actual, se remonta a la experiencia en ConectarLab, hace unos cinco años atrás: un laboratorio de innovación en el marco del Programa Conectar Igualdad cuando estaba bajo la dirección de Pablo Fontdevila. La experiencia no duró más de un año y medio pero fue la semilla de otro Lab que Piscitelli montó en Bogotá: un laboratorio de artes y ciencias en una universidad, que no tardó en manifestar la rigidez que caracteriza a esas instituciones. Entonces se fue a México en donde actualmente trabaja en cinco proyectos, incluyendo algunos en escuelas y un trabajo en el Centro de Diseño. Pero también desarrolla otro proyecto con la universidad Minerva, que tiene su sede central en San Francisco, a la que define como "la más innovadora del mundo". Lo cual no debe ser mucho decir, porque charlamos justamente sobre lo mucho que resiste la universidad frente a los nuevos requerimientos para la resolución de problemas, los cambios cognitivos y los procesos de producción de conocimiento.

Justo en ese marco, la cátedra que Piscitelli dirige en la facultad de Ciencias Sociales de la UBA cumple veinte años. Dice que el nombre de la cátedra remite al pleistoceno pero hace años que el equipo desarrolla proyectos que rompen con las lógicas tradicionales. En la tensión entre la perspectiva a largo plazo de la disolución de la universidad y el proyecto de la universidad propia, Alejandro Piscitelli conversa con nosotros, distendido y provocador.





Producción audiovisual de José Ricciardi