Antes de comenzar la discusión conviene aclarar un par de términos que suelen estar confundidos en una larga lista de escritos: energías renovables y energías alternativas.

Primera cuestión al respecto, es que cuando se habla de “energía renovable”, “no renovable”, “alternativa” o “convencional”, se hace referencia al modo de obtención de la energía y no al tipo de energía obtenida que podría ser eléctrica, térmica o mecánica, por ejemplo.

Segunda cuestión es que una energía alternativa no necesariamente será renovable ni tampoco de las denominadas “limpias”. Como ejemplo de ello podemos pensar en el momento en que se creó el motor de combustión interna y el transporte pasó de usar tracción animal (un tipo de energía) en las caravanas de transporte de productos o de usar leña y carbón en las locomotoras a vapor, a los combustibles derivados del petróleo. En ese momento dichos combustibles fueron un tipo de energía alternativa aunque no limpia ni renovable.



Por otro lado, ya estamos tan acostumbrados a la energía hidroeléctrica y se la ha usado desde hace tanto tiempo, que no puede ser considerada “alternativa” aunque sí es renovable.

La mala noticia

En la República Argentina, las energías renovables ocupan aproximadamente el 38 % de la matriz energética total, siendo la principal de ellas la hidroeléctrica, mientras que la solar en conjunto con la eólica representan algo menos del 2% del total.

Una de las preguntas que nos hacemos todos es si se podrán reemplazar totalmente las formas de obtener energía que se utilizan como los combustibles fósiles por formas renovables. Esto en principio no parece posible con las técnicas desarrolladas hasta el momento. Las proyecciones a nivel mundial para treinta o cuarenta años en el futuro, muestran que la matriz energética seguirá siendo básicamente la misma, sostenida principalmente a partir del consumo de carbón, petróleo y gas.

¿Por qué, a pesar de todo lo que se habla al respecto, la situación no parece avanzar tan rápidamente como se quisiera?

Hay dos motivos principales: uno es económico y el otro técnico.

En cuanto a lo económico, el costo del Kwh renovable (solar o eólica) es mucho mayor que el costo del Kwh obtenido de combustible fósiles. Esto es debido al elevado costo de las instalaciones y su amortización, que de todas maneras viene bajando notablemente los últimos quince años.

Los motivos técnicos son principalmente dos:

a) que las energías solar o eólica están disponibles durante ciertos períodos de tiempo. Por ejemplo, la solar durante el día y no por la noche y la eólica cuando sopla el viento.

b) Que una vez obtenida la energía debe ser inyectada a la red de distribución eléctrica y esto no es para nada sencillo ya que se trata de que todos los generadores de electricidad (sean renovables o a partir de combustibles fósiles) funcionen en sintonía unos respecto de otros. Se dice que “deben estar en fase”. En el caso de la generación térmica (combustibles fósiles) o de la hidroeléctrica, esto sucede en forma natural y no acarrea mayores problemas salvo la entrada o salida del sistema de alguna de las centrales de generación. En el caso de una central fotovoltaica o eólica la cuestión es más complicada.

Uno de los mayores desafíos es minimizar los problemas técnicos mencionados y al respecto se está trabajando en dos líneas: el desarrollo de dispositivos de estado sólido capaces de manejar las altísimas potencias requeridas para una central de generación y, por otro lado, el desarrollo de técnicas de almacenamiento de la energía sobrante cuando el recurso renovable está disponible, para ser utilizada cuando el mismo ya no lo esté.

Una forma bastante estudiada es usar la energía eléctrica sobrante para producir hidrógeno a partir del agua y luego usar éste para volver a producir energía en el momento en que se la necesite, como se hace con los combustibles fósiles. El mayor de los problemas en este caso es cómo almacenar el hidrógeno en forma suficientemente barata para que sea comercialmente aceptable.

En este punto conviene aclarar que el hidrógeno por sí mismo no es una fuente de energía sino un vector de energía, es decir, un elemento intermediario en el manejo de la energía y no un productor, salvo que estemos hablando de la fisión, lo que por ahora es un imposible tecnológico a pesar de los esfuerzos de más de 70 años de investigación para poder controlarla.

La buena noticia

No todo está perdido, pensemos en positivo…

En los países en desarrollo entre el 30 y el 40% del consumo energético en una vivienda promedio, es para obtención de agua caliente sanitaria. En los países desarrollados es el 26% pero de todas formas representa el segundo consumo siendo el primero calefacción y refrigeración.



El calentamiento de agua con el sol ha alcanzado su plena madurez tecnológica y es totalmente accesible al consumidor. Un termotanque solar que asegura que el 80% del agua caliente utilizada en un año por una vivienda en Buenos Aires será calentada con energía solar y el 20% restante calentada con energía eléctrica, tiene un costo ligeramente superior a un termotanque alimentado por gas natural. Al mismo tiempo, existen sistemas de calefacción y refrigeración híbridos alimentados en parte por energía solar y en parte eléctrica que consiguen bajar notablemente el consumo aunque todavía el costo de instalación es elevado.

Si desarrollamos políticas de incentivo adecuadas para que los consumidores se interesen por este tipo de instalaciones, se puede bajar el consumo energético de fuentes no renovables en forma notoria en un corto plazo.

Además, se sigue investigando mucho al respecto y ya se visualizan algunas posibles soluciones a los problemas planteados como, por ejemplo, guardar la energía solar sobrante colectada durante el día mediante el uso de sales fundidas a altas temperaturas para ser usada durante la noche. O la posibilidad de mejorar la tecnología del hidrógeno para ser usada en forma eficiente y segura.

Lo que en mi opinión seguramente pasará en el futuro, es que las denominadas energías renovables terminen ocupando un lugar preponderante en la matriz energética mundial mientras que los combustibles fósiles serán usados como complemento en los momentos en que no se disponga de suficientes renovables.



1- Si estamos hablando de carbón vegetal se trata de un recurso renovable pero si hablamos de carbón mineral estaríamos refiriéndonos a un recurso no renovable.